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Antropólogo despistado

Antropólogo despistado

Pues la verdad, me gustaría leer un largo artículo escrito por un antropólogo despistado, de esos que acaban de descubrir a una tribu nueva y no sabe nada de ella.

Tras observar detenidamente sus comportamientos y descubrir la infinidad de problemas por los que pasa dicha tribu durante todo el año y las penurias diarias, llegan un par de semanas en las que todo cambia.

No se sabe por qué, ni de donde sale el dinero, pero lo cierto es que nuestro antropólogo está de un despistado que acude a sus mayores para que le expliquén cómo se puede entender el despliege de actividad y gasto desenfrenado que observa durante esas dos semanas anuales.

Tiendas repletas, dinero que cambia de manos, tarjetas que se queman al pasar por los lectores, bolsas y paquetes que ocultan la cara y el cuerpo de sus porteadores.

Y lo más extraño, canciones monotemáticas, alegres y vivaces, en las radios, las televisiones y cualquier lugar donde esté permitido poner sonidos a todo volumen, inculidas las propias calles. 

Al antropologo le da la sensación de que alguién ha abierto un interruptor a la alegría de vivir. Una corriente eléctrica que recorre la ciudad y a todos sus ciudadanos. Bombillas de colores, atascos en las calles, colas para pagar, colores chillones en los papeles de envolver... griterío de chiquillos, ordenes  y ruegos de madres y padres sufridores, parejas besándose y abuelos sonriendo.

Perros disfrazados sin ningún pudor de ovejitas o gordos coloradotes, personajes aberrantemente obesos y reyes de opereta.

El antropólogo se pregunta si alguno de esos personajes, los observadores y los observados, son conscientes de la mezcla de tradiciones y de contradiciones que están reproduciendo a rajatabla y sin ningún sentido de la realidad.

El antropólogo terminará con horas y horas de grabaciones, un largo estudio y aún así, no habrá entendido nada de nada.

Eso es la Navidad... un show de Truman sin Truman...

Y, para rematar la faena, el pobre hombre no entiende por que muchas veces ve tirando de un trineo a un reno de enorme y alcoholizada nariz roja... ¡Para eso ha estudiado varios años, para enfrentarse a lo incomprensible! 

Y, como todos los años, envía a sus amigos una linda tarjeta de felicitación, que una cosa es el trabajo y otra los amigos.

 

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