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casiazul

Dálmata

Dálmata

Hace quince días que nacieron. Me llamaron a las tres de la madrugada.

- Que ya ha empezado, ¿qué hacemos?

Me levanté, cogí el coche y me acerqué a la casa. Les había prometido ayuda. Eran primerizos y estaban asustados.

Llegué una hora antes de que la perra pariese su primer cachorro. Una bolita blanca dentro de una bolsa viscosa que salió disparada.  Luego, hasta las ocho de la mañana, el desfile continuó. Ocho cachorritos, de los cuales uno nació muerto. Ella se quedó asombrada de que le dijese, nada más ver como salía, que ése estaba muerto. Fue sencillo. La cara, la boca... Intenté reanimarle, pero sabía que no se podía hacer nada.

La perra, primeriza, se portó fenomenal. Me aceptó como matrona sin apenas conocerme. Y eso no es muy normal. Suelen ser reacias a que haya extraños en esos momentos.

Y es una sensación increible acercar la cabecita al pezón de la madre y ver como se abre ese agujerito rosa y se cierra sobre él, ansioso, para comenzar a vivir.

Nadie les ha enseñado, ni a la madre ni a los hijos, pero la vida se abre paso así, instintiva, fuerte...

Es mi tercer parto perruno. Y sigue gustándome. De momento la cosa no ha tenido sobresaltos. Los perros grandes o medianos suelen parir bastante bien. Los de razas pequeñas tienen más problemas y las cesáreas son más frecuentes.

Luego viene el problema de "colocar" a los cachorros. Pero esa será otra historia.

 

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2 comentarios

filoabpuerto -

"la vida se abre paso así, instintiva, fuerte..."

¡Qué intenso !, lo mejor es eso: darle paso, abrirle paso a esa irrupción de la vida

Saludillos

Merce

Nandara -

¡Menuda experiencia! Qué bonito. :)
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