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Puertas al campo

Puertas al campo

Y aún cuando soy capaz de buscar otros espacios, otros rincones, aquellos que me han sido vedados son los que con más frecuencia acuden a mi mente. Soy capaz de esperar milagros donde no  puede haberlos, soy capaz de recordar imágenes, olores, luces y sonidos que sólo por haber sido compartidos me son tan queridos. Sin la presencia que me acompaña como un fantasma, esos lugares serían como el resto del mundo. No tendrían más belleza que la de un hermosos paisaje. Pero no es eso lo que busco cuando recuerdo. En mi ejercicio solitario tu fantasma me consuela de la soledad, me hace un guiño de complicidad desde la lejanía. Oigo tu voz, escucho tus consejos, te atraigo hacia mí, para sellar con un beso imaginario tu discurso. Desde el olivar he recordado el encinar. Apenas unos minutos, con la música envolvente que se desliza... Tanto recuerdo acaba haciendo que la tristeza suba por las venas y llegue a los ojos. Tanta tristeza no puede ser buena.

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1 comentario

Rafael -

No debe ser buena tanta tristeza, ni debe ser mala.
Debe ser.
Tarde, pero con cariño:

¡¡GRACIAS!!

Porque me sé frágil como el junco
bástele a cada día su afán,
a cada momento su brisa.

Pero también el junco se inclina,
sin el temor de romperse,
ante el fuerte viento del oeste.

Así vengo y voy hoy a vosotros,
amigos y amigas míos,
con ansias de daros mi día,
con el alma navegando entre mis lágrimas,
pero sintiéndome un junco flexible,
doblado por el viento tibio de vuestra amistad,
que me acompaña y abriga ante el miedo
y que he de agradecer tanto como estar vivo.

Rafael

Gracias por estar ahí cuando yo casi no estaba.
Mi abrazo más fuerte.
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