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casiazul

Mediado junio

Mediado junio

Estamos a mitad de junio, en una tierra donde debería estar haciendo una solanera de mucho cuidado. Pero mi huerta no avanza por falta de calor. Lluvia tiene toda la que quiere, pero el calor no aparece. Las tomateras están ridiculamente bajas y las zanahorias prosperan. Melones y sandias apenas asoman del suelo y las cebollas malcrecen.

Esto de meterse a hortelana tiene su encanto. Sobre todo porque de pronto entiendes a los agricultores, siempre mirando al cielo. Hace dos días cayó por estos lares un pequeño granizo. Y cuando paró salí disparada al huertecillo para ver qué había pasado. Todo estaba bien, pero me hizo reflexionar sobre la incertidumbre en que viven los hombres y mujeres que dependen del cielo para vivir.

Por un lado la sensación de que las plantas "son tuyas" y de que no quieres que les pase nada, Por otro el trabajo despercidiado y las horas perdidas.  Y eso que lo mío es minúsculo y de prueba.

Por otro lado los callos y las durezas de mis manos me hablan del esfuerzo de arrancar al campo nuestro alimento. No es fácil, os lo juro. Sobre todo cuando doblas el espinazo para destripar terrones de tierra y quitar piedras y hierbas... Toda una vivencia para quien siempre anda entre libros. Sudar de los pies a la cabeza, embarrarse cuando ha llovido o esperar a que caiga el sol para poder desbrozar las malas hierbas. Acabar en el sofá, rendida pero satisfecha.

El campo es lo que tiene: Da lo que recibe aunque en esto es como todo en la vida. Un toma y daca edificante y mortificante a la vez...

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