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Creación

Creación

 

DIOS CREO EL CIELO Y LA TIERRA

Después de millones de años

el hombre fue, por fin, suficientemente inteligente.

Dijo: ¿Quién habla aquí de Dios?

Yo mismo tomo mi futuro en mis manos.

Y lo tomó,

y comenzaron los últimos siete días en la tierra.

 

En la mañana del primer día,

el hombre decidió

ser libre y bueno, bello y feliz.

No ya a semejanza de un dios,

sino de sí mismo.

Y porque tenía que creer en algo,

creyó en la libertad y en la felicidad,

en la bolsa y en el progreso,

en la planificación y en la seguridad.

Y para sentirse seguro,

llenó el suelo bajo sus pies

con raquetas y cabezas nucleares.

 

En el segundo día del último tiempo,

murieron los peces en las aguas

de las zonas industriales,

los pájaros en el polvo de la fábrica química,

que iba destinado a las orugas,

la liebre en las nubes de plomo de las calles,

los perros falderos en el bello color

rojo de la salchicha,

el arenque en el aceite del mar

y en los residuos del fondo del océano.

Pues los residuos eran activos.

 

En el tercer día,

se secó la hierba en los campos

y las hojas de los árboles,

el musgo de las rocas

y las flores de los jardines.

Pues el hombre hacía el tiempo

y distribuía la lluvía según un plan preciso.

Hubo solo un pequeño error,

las barcazas estaban sobre el fondo seco

del bello Rhin.

 

En el cuarto día,

de cuatro mil millones de personas

tres mil millones dejaron de existir.

Los unos por las enfermedades

que el hombre había cultivado,

pues alguien se olvidó de cerrar los recipientes

que estaban preparados para la próxima guerra.

Y sus medicamentos no sirvieron de nada.

Hacía ya demasiado tiempo que habían sido ingeridos

con las cremas para la piel y con los alimentos.

Los otros murieron de hambre,

porque alguien había

escondido las llaves de los graneros.

Y maldecían a Dios,

que les debía la felicidad.

Pues, ciertamente, ¡Él era el buen Dios!

 

En el quinto día,

los últimos hombres apretaron el botón rojo,

pues se sentían amenazados.

El fuego envolvió el globo terrestre,

las montañas ardieron y los mares se evaporaron

y los esqueletos de cemento de las ciudades

estaban negros y echaban humo.

Y los ángeles en el cielo vieron

como el planeta azul se volvió rojo,

despues marrón sucio y, finalmente, gris ceniza.

E interrumpieron su cántico

durante diez minutos.

 

En el sexto día,

se fue la luz.

Polvo y ceniza cubrieron el sol,

la luna y las estrellas.

Y las últimas cucarachas,

que habían sobrevivido en un bunker de raquetas,

perecieron con el desmesurado calor,

que no les sentó bien.

 

En el septimi día,

hubo clama.

Por fin.

La tierra estaba desierta y vacía,

la oscuridad invadía las grietas y

las hendiduras que habían reventado

en la corteza terrestre.

Y el espíritu del hombre irradiaba

sobre el caos cual fantasma de la muerte.

Muy abajo,

en el infierno, sin embargo,

se contaba la emocionante historia

del hombre que tomó en sus manos su destino,

y las carcajadas retumbaban

hasta el coro de los ángeles.

 

Jörg Zink

 

 

 Desalentador, premonitorio... Un hermoso poema que recopilé hace tiempo.

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1 comentario

pau -

Hay madre!!!
Y lo peor es que tiene todos los visos de ser verdad.
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