De bodas

De bodas y bautizos y comuniones viven las tiendas de moda estos días.
Me sorprende como aguanta la gente estas situaciónes tan delirante.
Una boda por "todo lo alto", con trescientos y pico invitados... comuniones en mayo y mucho vestido de fiesta y ridículos tocados, que te dan ganas de multar a las damas por su mal gusto.
La verdad, no entiendo a qué este regreso al seno de la santa madre iglesia, salvo que se deba a los ligeros signos de cristianización que se dan en ciertas televisones (en otras el asunto es ya descarado).
Hoy me ha hecho gracia la noticia de que el papa de Roma ha pedido cordura y mesura en los gastos que generan estas fiestas "familiares", que acaban siendo la ruina de la familia.
Lo que me recuerda una peli de Kent Loach (¿se escribe así?) sobre el tema, delirante y real como la vida misma.
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Y llueve lo que no ha llovido en todo el invierno. Mi chimenea está ardiendo aún y llega mayo con sus florecitas. Los abejarucos comienzan a hipnotizarme con su belleza y un mirlo despistado andaba esta mañana comiendo mosquitos por los hierbajos de la parte alta del jardín.
Farah ladra feliz cuando salimos y los niños se la juegan por el camino con sus bicicletas. La crisis a traido a más vecinos de lo habitual. Este verano estaremos llenos de vecinos, ya lo veo venir.
Y yo, que no ando muy espabilada, miro el gris ceniciento del cielo y leo... siempre leo...
Uno más

Hay un tiempo en los que el reloj, en una se sus vueltas, cae en una hora determinada: siempre la misma de ayer a estas horas...
Hace 58 años, hace toda una vida, me puse en camino.
Para llegar hasta aquí. Hasta este punto exacto en el tiempo y el espacio...
En el camino, a veces sólo el azul del cielo me ha bastado para ser feliz.
Otras veces he necesitado de lo posible y lo imposible para serlo. No siempre se consigue, como bien sabéis.
He compartido mi corazón y mi alma y mi cuerpo con los amores de mi vida.
He tenido la suerte de amar y ser amada.
Y, aunque a veces me puede la tristeza, me levanto y vuelvo. Y miro y amo...
No sé a donde voy ya, ni lo que quiero a estas alturas. Casi nunca he sabido nada de nadie, ni de mí misma. Muchas veces no he querido saber. De eso seré juzgada, estoy convencida. De pasar de puntillas por algunas cosas.
He preferido ignorar para no sufrir. Aún así no me han dejado sola y muchas veces, sin embargo, me he sentido demasiado sola. Y he sufrido sin querer.
Pero he compartido el amor, las buenas comidas, los bellos paisajes, el arte, la literatura, la música, el amor a los animales y a los seres más irracionales del mundo: los hombres y las mujeres.
Hoy me siento un poco menos sabia que ayer, pues raramente consigo aprender algo. Pero intento que no se note... Prefiero no saber... Prefiero amar.
Puedo decir que he tenido una buena vida, con sus altibajos. Y que de aquí a la eternidad ya me queda menos camino por recorrer.
No sé en cuantas piedras tropezaré y cuantas veces me caeré.
Pero sé que aún me queda amor por dar y recibir. Y que un perro ahorra mucho en psiquiatras...
Os quiero.
El horizonte
Lloviendo tristemente

Hace unos años, no demasiados, este viernes era el más triste de todo el año. La religión imponía su escenificación más fúnebre y doliente de la liturgia.
Hoy en día se ha perdido buena paarte del significado. Salvo los creyentes-practicantes, el resto del personal sólo sabe que son vacaciones, que hay procesiones y que se atascará la carretera cuando vuelvan el lunes...
Este viernes paseo con Farah y Menta. Y en el camino, como en una procesión de esas que se hacían antiguamente dentro de las iglesias, la que iba rezando las "estaciones" colgadas por las paredes de la nave principal, hasta llegar a catorce paradas, paso frente a portones donde perros más o menos escandalosos nos van saludando o amenazando, según su estado de ánimo o su ferocidad.
Pero hay un perro, un precioso pastor alemán encerrado tras una de esas cancelas, que simplemente nos mira con tristeza a través de su pequeña ventana al mundo. Una ventana que se limita al tamaño necesario para dejar meter una mano para abrir el pestillo de la puerta. A través de ese hueco sólo puedo verle los ojos y el morro. Le miro y le saludo poniendo todo el afecto que puedo en la voz. Acerco mi mano para que pueda olerme. Él se limita a mirarme, con una mirada tan apagada que me estremece el corazón y me revuelve el estómago.
El perro está bien alimentado y anda suelto por la parcela. En teoría no es un caso de maltrato. En la realidad es un caso de abandono cruel y lamentable. Supongo que vienen a darle de comer y se marchan, pues pocas veces veo movimiento en esa casa. Y cada vez que paseo con los perros y me acerco a saludarle siempre es igual. Una tristeza infinita se asoma al agujero en la puerta de hierro. Llevo tiempo mirándo el estado del animal y dándole un poco de cariño en la distancia que nos impone su encierro.
Los perros sufren depresiones, nadie lo puede negar. Éste, que ni ganas de ladrar tiene, hoy, el viernes más triste del año, bajo la lluvia que cae a ratos con cierta melancolía, es uno de esos perros que lleva la tristeza metida en la mirada y en el corazón.
La foto: otra triste historia de otro perro triste...
Belleza redentora

Pero, despues de todo, tanto da que sean o dejen de ser. Me reconcilio con la vida y recuerdo qué es lo importante: la vida y todas sus bellezas.
Este pajarillo, un carbonero común, lleva dos días peleándose consigo mismo. Le supongo macho, por la belleza de su colorido y por que está a la gresca con su imágen en el espejo del coche.
La competencia de los machos en época de celo es así, abrumadoramente vital y violenta. El pobre pajarillo se mira, revolotea, picotea a su enemigo.
Es, casi, como nosotros: llevamos el enemigo puesto como una segunda piel. Nos peleamos con nosotros mismos, sin llegar nunca a una victoria real y duradera.
Estoy a la caza de imágenes que me permitan extasiarme de esta belleza pequeña, simple, maravillosa. Estoy deseosa de ver explotar la primavera, con o sin lluvia...
Y la foto es mía, que conste...
Lo uno lleva a lo otro

No sé si el compadreo llega a esos extremos, pero a veces las cosas no suceden porque sí, sino por que no...
Me explico.
Me han aumentado el límite de la visa sin yo pedirlo. Verían que malamente mantenía a raya los gastos y los pagos ultimamente. Lo que presupone que un currito ha estado haciéndome las cuentas a escondidas o las estadísticas han hecho saltar alguna alarma. Lo que sea. La cuestión es que amablemente me han facilitado el credito en el mejor (es una ironía, que conste) momento: justo cuando me acaban de bajar otra vez el sueldo. ¿Será que el señor amable del banco sabía ya que iba a necesitar un poco más de dinero por lo que me iban a quitar los del otro lado? ¿Necesitan aumentar mis números rojos para cobrarme más intereses y aumentar sus propias ganancias? ¿Se habrán puesto de acuerdo para hacerlo a la limón el banquero y el político de turno? Es que soy muy mal pensada, lo sé.
Sí, esta vez ha sido la sra Cospe la encargada de quedarse con casi cien euritos de nada de mi nómina y de la de unos cuantos miles de maestros más. ¿Cuantos millones de ahorro supondrán estas bajadas unilaterales y a traición de sueldos? Porque de los suyos no se oye nada, oiga ud... Y, lo que es más importante, ¿a qué van a destinar lo que me quitan a mí? ¿A quién va a beneficiar ese dineral que tan alegremente parece ser que nos pueden retirar de la nómina sin que le pase nada a nadie, salvo a nosotros?
¿Será para reforzar las ayudas a los parados? ¿Para ampliar los servicios sociales a los más desfavorecidos? ¿O será para sanear aún más las golosas cuentas de los bancos y los jugosos sueldos de los políticos?
No quisiera ser mal pensada (otra vez), pero me sospecho que será para lo de los banquero y los políticos. El resto son gastos poco rentables, ¿no?
Bueno, pues que eso, a esperar lo siguiente... que ya se sabe que las desgracias nunca vienen solas. Y que los políticos mienten más que hablan... Y que los demás acabaremos haciendo buena esa frase tan vieja, gloriosa y certera que dice que además de puta, no me pagan y pongo la cama... Uds sabran disculpar mi enfado y mis malos modos...
A todo esto, ¿para qué me disculpo? ¿A quién escribo sino a mí misma...?
Como decían en una peli, en esa peli: ¡Ay, qué penita me doy! (Dedicado a mi ex, que lo dice con mas salero que yo...)
Al viejo estilo

Buscando el tiempo, la nieve que intuyo pero no llega, buscando, en fin, un avance para viajar sin sustos, me encuentro con una noticia de lo más simpática: las buenas maneras, lo que antes se llamaba urbanidad, lo que de siempre ha sido cuestión de educación, se ha transformado en normativa municipal de un pequeño pueblo alcarreño.
Hombre, el alcalde es de IU, no sé si eso querrá decir algo, pero desde luego tiene todos mis respetos y mi admiración. En estos tiempos nos hace falta mucha, mucha educación. Para no mandar a la m... a la mitad de la humanidad... o hacerlo lo más educadamente posible.
Felicidades, sr, Alcalde.
No nevada

Así estaba esta tarde la Pinilla. Apenas unos rastros de nieve, apenas una capa de blancor casi transparente.
Frodo ha correteado en el pinar que hay sobre la ermita de Hontanares. A P., aunque lo niegue, le sienta muy bien Frodo a su lado. Y es que este perro mío es un buen perro para un buen hombre. Y P. es un hombretón, al que un caniche, como que no...
Hemos ido a comer y a recordad a mi padre, a ese republicano y anticlerical que el tiempo me ha permitido entender de otra manera. Tal vez ese tiempo que me ha hecho olvidar todo lo malo que tenía y me deja el poso de lo bueno, de lo que quiero recordar.
Gracias a él, a mi padre, Frodo puede corretear por el pinar, a mi lado. Mi fascinación por los pastores alemanes viene de él y las historias que me contaba de su Pinky. Ya he hablado de ello, pero hoy, mire ud. por donde, me apetece volver a hablar de él y de sus historias de los lobos que bajaban al matadero del pueblo, a por los despojos en el crudo invierno de principios de siglo, cuando nevaba de verdad y durante varios meses.
Esas historias sobre la avioneta que aterrizaba en el Rasero y la diligencia que subía penosamente el puerto de Somosierra para llegar, horas después, a Madrid. El Madrid chulesco y tópico de antes de la guerra, de Vistillas y modistillas.
¡Que de historias se perdieron cuando murió! Algunas permanecerán en mi hasta que yo me vaya.
Morimos sólo cuando nos olvidan. ¡Mecachis...!
La Pinilla, sin apenas nieve, pero es que era verano. Basta ver el prado verde y hermoso a sus pies.




