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Miedos perrunos

Miedos perrunos

Salgo a pasear con mis perros. Llevo a los pastores alemanes juntos (dos cachorras de cuatro meses, una hembra de ocho meses, una hembra de cuatro año y un macho de cinco), a los que llevo siempre sueltos. Paseo por una pista de la urbanización por donde apenas pasa gente o coches. Vamos bordeando el monte que limita las construciones de las casas y ellos exploran entre encinas, pinos y romeros.

Las pocas personas con las que me cruzo, me miran con curiosidad, saludan y siguen su paseso. Normalmente es así, pero... a veces son menos comprensivos. Porque tienen miedo. Se paran, se quedan aterrorizados, no exagero. Normalmente suelo llevar dos correas para sujetar a los que puedan dar más "miedo": la hembra y el macho adultos. Según veo como van reacionando, los ato antes de cruzarme con ellos. Con todo, suelen decirme, enfadados, que los perros deben ir atados. Tienen razón. Pero no me he venido a vivir a quinto pino para llevarlos atados y con bozal. Eso es la cuidad. Aquí mis perros exploran, corren, saltan, suben y bajan barrancadas, son felices. No los tengo para llevarlos atados sino para que sean lo más libres posibles.

Y si me cruzo cada dos o tres semanas con alguien, mala suerte... para ellos.  Mis perros son tranquilos y no atacarían a nadie, como ningún perro, si no se les hace nada.  Ciertamente que huelen el miedo de las personas, pero ya estoy yo allí para adelantarme. Y reconozco que los ladridos de las cachorras impresionan, pero sólo dicen: ¡Gente nueva para jugar! Hay que saber entenderles, sólo eso,

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