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Invitadas

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Son dos ancianitas venerables. Juntas no pesan tres kilos. Su "papá" está de viaje y me las ha dejado unos días. ¡Por si fuerámos pocos! Pero la amistad es lo que tiene, de vez en cuando hay que demostrarla. Y cuidar a estas pequeñas es todo un reto. Yo estoy acostumbrada a mis grandes y visibles chuchos. A que me empujen y perder el equilibrio. A sujetar su cabezota y derribarlos, no sin esfuerzo, cuando juego con ellos.

Estas miniaturas, caniche y yorksire respectivamente, de trece y doce años, son tan delicadas que casi me da miedo cogerlas. Son puro hueso y pelo. Apenas les quedan dientes y la una está casi sorda y la otra tiene cataratas.

Es como tener una residencia geriátrica perruna. Así me voy haciendo a la idea de lo que les pasará a los míos cuando la edad haga mella en su belleza actual. Y en mí, por supuesto, que ya no quiero la belleza pero sí la vitalidad para seguir atendiéndoles bien. 

Me gustan, por que me gustan todos los perros. Pero creo que no podría tener perros tan pequeños. Aún no. Tal vez cuando ya no pueda físicamente con mis mamelucos... Pero como ellos iran perdiendo impulso a la vez que yo, cuando todos seamos viejecitas y viejecitos adorables ya no me quedará tiempo para disfrutar de un perro pequeño.

Su dueño teme morir antes que ellas. Podría ser. Como que a mí me pase algo y mis perros acaben no sé donde ni son quién.

Esa es una pregunta que prefiero no hacerme. A pesar de que pueda suceder.

De momento el trabajo se me ha multiplicado y lo hago gustosa. Pero desde luego ocho perros en casa, separados por turnos, es demasiado. Cuando se vayan las echaré de menos, pero descansaré.

No tengo fotos suyas aún. Pero antes de que se vayan se las haré.

Mis invitadas se lo merecen. La que pongo ha salido del famoso buscador, ya sabéis...

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1 comentario

María -

A mí me gustan todos los animales. Pero me parezco más a los gatos que a los perros, porque no soy muy gregaria. Sin embargo ellos me adoptan y eso también me gusta :)

Hace muchos años, cuando estaba aún muy enferma de violencia, la que experimenté desde el día que nací en mi hogar paterno, tenía una gata (también un gato) pero cuando la gata enfermó y casi se me muere... yo que estaba absolutamente enamorada de ella y lo pasé muy mal. Y se me disparó el automático de querer sustituirla. Y empecé a meter animales en casa. Llegué a tener cinco gatos y una pastora alemana en un piso. Menos mal que poco a poco fui entrando en razón. Y además comprendí que el amor es insustituible. Pero cuando tenga una casa con patio... entonces volveré a rodearme de animales. Y habrá gatos y perros. Por lo menos uno. Pero será grande. Porque aunque los pequeñitos me caen bien, me gustan más los tremendos. Ahora mi sueño... sería tener una yegua.

Saludos afectuosos para ti, Dama :)
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