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Vida de gatos

Un gato en el trigal

Un gato en el trigal

Pues sí, un precioso gato negro en mitad de los rastrojos de un trigal, con sus pacas de paja alineadas... La luz amarillenta del atardecer daba unas tonalidades doradas al paisaje. Y el gato, sentado feliz y tranquilo recogía los últimos rayos de sol vespertino.

Hay momentos así. Momentos en que la vida se detiene mientras contemplas una nimiedad, una imágen efímera de belleza sublime.

A veces creo que somos demasiado ciegos, demasiado rápidos, demasiado sordos... Y a nuestro alrededor nos perdemos tantas cosas...

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Paseo al atardecer con unos o con otras. Los días se acortan y el calor comienza a remitir. Menta anada recuperándose lentamente de su afección cutánea (ellos también tienen dermatitis) Hoy la llevo a que la medio operen, pues la recuperación es muy lenta, demasiado para que sea bueno. Entre Frodo  y ella llevo todo el mes de septiembre liada con los veterinarios.

Si es que no lo consigo... Pero luego, cuando al levantarme por la mañana veo a Menta a los pies de mi cama y a Farah a la entrada de la habitación me siento la mujer mejor protegida del barrio. Y eso es mucho...

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Jerry

Jerry, mi querido Jerry fue un gato feliz... El primer gato que entró en casa. Una miniatura que dormía sobre una alpargata y aún le sobraba la mitad. Luego creció hasta hacerse un gato hermoso y querido. Se hacía querer, la verdad.

M. disfrutaba de su compañía las largas tardes en que apoltronado en el sofá, repasaba su temario de oposiciones. Jerry mordía, sistemáticamente el lapicero que M. enarbolaba, como un talismán.

Jerry sobrevivió a las fauces de un rotwailer, a alguna caída a la huerta vecina y a una pelea gatuna multitudinaria.

Odiaba el agua, como buen gato, pese a ser un gato eminentemente casero. Y odiaba a Frodo, cuando éste se incorporó a la familia. La convivencia con él se hizo imposible y Jerry se quedó en el piso superior mientras Frodo dominaba la planta baja. Así estuvieron más de un año.

Siempre he admirado la amistad entre perros y gatos, pero nunca la he conseguido fomentar en mi casa... Supongo que debe ser una de esas amistades que comienza en la infancia y duran contra todo pronóstico.

 

Jerry era mi gato, será mi gato... Enfermó, no sé muy bien por qué. La leucemia felina acabó con sus preciosos ojos y con una parte tumultuosa de la historia de mi vida.

Frodo inició otro capítulo de esa historia.

Pero esa es otra historia...  

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Scully

Scully

Os presento a Scully, la gata de mi hijo (scali para los amigos...).

No siempre he tenido perros, lo que me ha permitido descubrir el maravilloso mundo de los gatos.

Sólo el que los ha tendio conoce de su mala fama, de las supersticiones y el desconocimiento general que hay sobre ellos.

Ella fue una de mis cuatro gatos. Y pese a ser yo quien la cuidaba, era de mi hijo. Para él la elegí entre los cachorros de su camada y a él dedicaba todas sus caricias y ronrroneos.

Cuando se marchó de casa para estudiar en la "ciudad", ella se quedó con nosotros. Pero nunca llegó a aceptarnos. Sólo cuando él regresaba salía de sus rincones favoritos. Y se dejaba hacer perrerias... ¡Qué gracioso, lo de perrerias a un gato...!

Normalmente andaba a su aire, entraba y salía de la casa, hacía su vida, pero apenas se dejaba tocar. Se asustaba de las visitas y, de vez en cuando, atacaba mis tobillos. No era arisca, pero tampoco cariñosa.

Salvo cuando su "amo" estaba en casa. Entonces todo era una fiesta para ella. Jugaban horas juntos. Dormían juntos, se dejaba hacer...

Tuvo una primera camada y luego la operé. No tengo corazón para matar cachorros... 

Y un mal día se puso enferma. Andaba yo muy liada con el trabajo y no me dí cuenta de los síntomas hasta que era demasiado tarde. Su costumbre de desaparecer por la casa y el poco tiempo que yo estaba en ella, complicaron el asunto. En una semana una enfermedad hepática se la llevó al paraíso de los gatos. No pudimos hacer nada por ella.  

Era una preciosidad, independiente, elegante, hermosa...

 Apenas tengo fotos digitales de ella. Pero escanearé alguna para que apreciéis toda su elegancia...

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