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casiazul

No nevada

No nevada

Así estaba esta tarde la Pinilla. Apenas unos rastros de nieve, apenas una capa de blancor casi transparente.

Frodo ha correteado en el pinar que hay sobre la ermita de Hontanares. A P., aunque lo niegue, le sienta muy bien Frodo a su lado. Y es que este perro mío es un buen perro para un buen hombre. Y P. es un hombretón, al que un caniche, como que no...

Hemos ido a comer y a recordad a mi padre, a ese republicano y anticlerical que el tiempo me ha permitido entender de otra manera. Tal vez ese tiempo que me ha hecho olvidar todo lo malo que tenía y me deja el poso de lo bueno, de lo que quiero recordar.

Gracias a él, a mi padre, Frodo puede corretear por el pinar, a mi lado. Mi fascinación por los pastores alemanes viene de él y las historias que me contaba de su Pinky. Ya he hablado de ello, pero hoy, mire ud. por donde, me apetece volver a hablar de él y de sus historias de los lobos que bajaban al matadero del pueblo, a por los despojos en el crudo invierno de principios de siglo, cuando nevaba de verdad y durante varios meses.

Esas historias sobre la avioneta que aterrizaba en el Rasero y la diligencia que subía penosamente el puerto de Somosierra para llegar, horas después, a Madrid. El Madrid chulesco y tópico de antes de la guerra, de Vistillas y modistillas.

¡Que de historias se perdieron cuando murió! Algunas permanecerán en mi hasta que yo me vaya.

Morimos sólo cuando nos olvidan. ¡Mecachis...!

 

La Pinilla, sin apenas nieve, pero es que era verano. Basta ver el prado verde y hermoso a sus pies.

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