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Atardeceres

Atardeceres

Estos días la noche cae casi de golpe. Los atardeceres apenas duran un suspiro y hay que encender la luz, me guste o no, a las 6 de la tarde.

Estos días de descanso me han venido bien, pero hoy, no sé por qué, siento un cansancio infinito. Es como si no hubiese tenido un largo puente detrás de mí.

Llevo ya un  tiempo pensando en hacerme un chequeo, pero es tan cansado empezar de médicos, de análisis, de idas y vueltas a la ciudad, que espero ansiosa los días de las vacaciones de Navidad para reponerme.

Lo curioso es que no soy tan mayor como para sentirme permanentemente cansada, pero sí lo suficiente como para estarlo de vez en cuando.

Tal vez sean estos días tan cortos y tan nublados, las presiones bajas y poco más.

Quiero que llegue el solsticio de invierno para que los días comiencen a alargarse y ganar luz a las tardes para salir a pasear con los perros.

Hay, en el fondo de mi corazón una sensación de derrota que no me puedo quitar. De derrota vital, me refiero. Ese abatimineto que se siente cuando ya poco o nada deseas. Y sé que es falso, que volveran las obscuras golondrinas, pero, como dice el poeta, "esas... no volveran."

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