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Cielo

Pequeño milagro

Pequeño milagro

Recupero este texto de hace dos años. Más o menos habla de lo mismo que iba a hablar hoy. De noches estrelladas, nubes  y fugaces promesas de imposibles.

Habla del paso del tiempo y de pequeños cambios vitales que asustan hasta que llegan y pasan y luego descubres que no pasa nada.

Y aunque jure y perjure que "yo me entiendo", en realidad no entiendo nada de lo que pasa. 

Siguiendo el principio de que justo cuando tú no lo has podido ver, el espectáculo ha sido fabuloso, así me ha pasado a mí este año con las lágrimas de San Lorenzo. Un día por nublado, otro por falta de ganas y otro por sueño exagerado, lo cierto es que este año no he conseguido ver ni una sola de esas pequeñas partículas muertas de roca estelar.  Y van y me dicen que este año ha sido uo de los mejores... ¡Sniffff!

…………….

Y pensando en el inexorable paso del tiempo, llegó, no sé si por suerte o por desgracia, mi último año de trabajo. Tengo ciertas ideas contrapuestas al respecto. Por un lado se me va a hacer pesado si estoy todo el tiempo deseando que llegue el final… Y por otro se me va a hacer muy corto, si me atengo a lo que ha pasado estos dos últimos años, que se me han “ido” volando, sin tiempo a darme cuenta de ellos.

…………………..

A veces la vida nos obliga a tomar ciertas decisiones. A veces esas decisiones son buenas pero equivocadas. Lo que es bueno para una cosa es mala para otra…

Yo me entiendo….

Y luego vas y metes la pata hasta el fondo. Pero eso es lo que te pide el corazón. Y a estas alturas la razón sirve  ya para todo, pero el corazón lo tengo un poco abandonado.  Así que ando con la duda vital y visceral de si hacer caso al corazón o a la razón…

No sé, no sé…

……………..

Por cierto, creo que el mundo sigue su curso violento y estúpido más allá de mí. Y la vida se abre paso y se acaba a partes iguales. Es lo que tiene la aventura de vivir: un día va y se acaba para unos seres y comienza para otros.

Por ejemplo, esta preciosa, pequeña y hermosa flor, un pequeño milagro de la Naturaleza, que no deja de sorprenderme casa día con su belleza simple y eterna…

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Noches ladradas

Noches ladradas

Hay noches y noches.

La de ayer fue una noche de ladridos. Uno comenzaba y otro continuaba. Y así repetidos ecos de ladridos me han mantenido despierta.

La noche era calurosa y unos mensajes de mis viajeros me han despertado aún más.

Su viaje les ha llevado tan lejos que parecen estar en otro mundo. Sin darse cuenta del desfase horario, me envían imágenes maravillosas que saboreo con deleite.

Imagino sus sensaciones, sus ojos abiertos de par en par para no perder ni un detalle de ese mundo tan conocido a través de las películas  y los libros, los comics y las series de tv.

Una de ellas me sorprende por su grandiosidad: el puente de Brooklyn.

Podría haberla buscdo en internet, pero la he buscado en mi corazón. Mi hijo es quien se sienta en el banco, en ese banco tan cargado de historias y personas recordando historias, que parece mentira que pueda soportar tantas emociones juntas...

Ayer fue una noche en la que los perros ladraron y yo soñé con estar sentada en un banco, al lado de un enorme puente...

A siete días de un sueño

A siete días de un sueño

El día 1 de enero se hizo realidad un sueño.

Como todos los sueños fue acariciado con deseo, fortalecido con ansiedad, amado hasta la extenuación.

Como buen sueño fue trabajado y amasado a lo largo de años, siendo al final, en las ultimas semanas cuando más frenética se volvió su búsqueda.

Y, por fin, el día 1 de enero alguien comenzo el año  diciendo "Sí, lo quiero". Y ahora, poco a poco va rellenando ese sueño de mesitas, almohadas, lámparas y vasos... Va rellenando  el espacio minúsculo que será su hogar por unos meses, tal vez algún año.

Está, ya, mirando el cielo de Madrid. Cielo en el que ví hace dos días exactamente, las grullas regresar... Pero esa es otra historia.

Ahora pienso en esos sueños tan sencillos y a la vez tan complejos de realizar. ¡Hay tantas circunstancias que convergen para que un simple sueño se haga realidad!

Felicidades, mi pequeño gran hombre. Tu sueño tiene un buen principio, precisamente el hecho de que yo viese atravesar una bandada de grullas o gansos, no pude escucharles bien, el cielo de Madrid al lado de San Francisco el Grande, mirando hacia la carretera de Extremadura, uno de los lugares con panorámica visión a los atardeceres de la gran ciudad. Atardeceres que yo de niña veía en una de esas torres que veo en la lejanía...

Circulos mezclándose.

La vida es grande, el hombre pequeño...

Casi sin querer...

Casi sin querer...

Llega el verano. Casi sin querer el vuelo de los helicopteros me dice que el incendio está acechado ahí, detras de cada pino, de cada carrasco.

 

Yo acecho, cámara en mesa, a la mamá gorriona que ha ocupado este año, no sin una lucha cruel, de la que fui testigo auditivo durante varios días, el nido de golondrinas que tan buenas imágenes me dió el año pasado.  

 

Yo no sabía que los gorriones eran tan "mañosos" y tan ladinos. Pero está visto que los "ocupas" no faltan en la naturaleza.

 

Antes de que llegasen las golondrinas ya habían hecho la puesta estas pequeñas y piantes aves. Un huevo azulón había caído sobre el banco que hay bajo su nido. Y se había roto, como es lógico.

 

A los pocos días de este descubrimiento aparecieron las dueñas legales de la vivivenda: las golondrinas... Y se armó el guirigay consabido de dueños de vivienda contra inquilinos no deseados. Y como aquí no hay más ley que la del más fuerte o la del que primero llega se la lleva... Pues eso, que golondrinas 0, gorriones gorrones 1.

 

Y ahora me entretengo en mirar a este asustadizo pájaro entrar y salir de su casa, usurpador sin conciencia...

 

El barro es un buen aislante para el torrido verano. Y la pequeña gorriona debe saberlo...

 

Aquí os dejo la foto de la bribona... Que lucha por su nidada como todas las madres, con pico y plumas al aire... Que a madre no hay quien la pueda.

Resplandor

Resplandor

Arde el cielo esta tarde. Como otras, solo que esta vez saco la cámara y me guardo esa imagen imprecisa del cielo rojizo.

Leo un precioso texto de un blog que he descubierto y me quedo asombrada de lo bien que se puede escribir en tan poco espacio.

Pasan los días raudos, apenas llego al viernes en un suspiro comenzado el lunes. Me pregunto si esto ya es el final del tiempo, de mi tiempo.

Siempre he oído lo de la relatividad de las cosas y del susodicho tiempo. Esa teoría, bien comprobada, de que el tiempo discurre diferente según lo que estés viviendo en ese momento.

Me vienen a la memoria momentos eternos de apenas unos segundos. Y fracciones enormes de horas en las que apenas se movía el reloj, pese a mis deseos.

Cada vez entiendo menos y cada vez me preocupa más. ¿Me estaré haciendo vieja?

Paso parte de la tarde en casa de una vecina de fin de semana. Me ha invitado a café, cosa poco frecuente en ella, mujer encantadora, pero muy reservada. Y en el salón, sentada en uno de los sofás, una anciana dormita y se despierta al sentirme entrar. Su conversación desilvanada, su voz baja y suave, su sonrisa y la piel blanca, casi transparente, sus ojos de un azul brillante y sus noventa años me dejan un estraño sentimiento cuando me marcho.

Mientras estoy en esa casa enorme, acostumbrada a muchos nietos y más perros aún que yo, la anciana se mueve varias veces, de un sofá a otro, al pasillo y vuelta. Y me pregunto, siempre lo he hecho, como será eso de ser tan anciano y de sobrar de todos los sitios. ¿Qué se pensará en esos momentos? ¿En esas horas interminables en las que ya no puede hacer nada salvo ver pasar las horas en el reloj?

Un enigma que si sigo a este paso de percepción del tiempo, no tardaré en descubrir... Ya lo dice la canción, que veinte años no son nada...

 

 

Ritos de paso

Ritos de paso

Levanto la mirada al cielo ya casi gris del atardecer. Una llamada conocida atrae mi atención. Son mis queridas grullas que sobrevuelan nuestras cabezas. Dos puntas de flecha perfectas se recortan en lo alto. Me paro hipnotizada, como todos los años y sigo su vuelo. Planean y vuelan a un tiempo, descansando durante uno o dos segundos, impulsándose luego con dos o tres podrosos aleteos. Y no puedo evitar sentir envidia de su instinto, que las lleva lejos, muy lejos de aquí.

El calor del día me hace dudar de las fechas en las que estamos. Pero ellas, sabias como el tiempo, saben que hay que irse, que el invierno llegará pronto, aunque lo contradiga el sol radiante que ahora mismo entra por la ventana.

Esta mañana me parece casi irreal la visión de ayer. Como me lo parecen los paraísos perdiendo sus hojas bajo el calor excesivo de estos días en que aún puedo pasear en manga corta, yo, la más friolera del barrio.

Y la lluvia que no aparece y la hierba agostada que espera ser quemada cuando el agua haga su presencia gris y triste.

Por un lado deseo que llueva, el suelo lo necesita, las plantas lo necesitan. Por el otro adoro estos días prestados de verano. ¡Incongruencias!

Las grullas lo saben. Deben marchar ya o les pillará de sopetón el frío y será demasiado tarde para ellas.

Siempre he pensado que a los hombres nos falta una cierta inteligencia que los animales tienen: la instintiva. Tal vez si le hicieramos más caso nos fuera mejor.

¡Qué palabra más hermosa: instinto!

 

Amaneciendo

Amaneciendo

He intentado durante tres noches ver las lágrimas de San Lorenzo, sin conseguirlo. La luna lunera, las nubes y la mala suerte, supongo, me han dejado este año sin pedir mis deseos del mes de agosto. Deseos que nunca se han cumplido, pero sigo viva, lo que ya es un buen síntoma.

Las supersticiones son creencias de lo más curioso. Yo no suelo ser supersticiosa, pero ando tirando monedas a los pozos de los deseos, dando tres vueltas a una piedra y mirando al cielo para ver un grano de arena arder por la velocidad. Y voy y pido imposibles. ¡Y así cualquiera!

Los deseos deben ser acordes con el ritual que hay que llevar a cabo para conseguirlo. Por lo que a las estrellas fugaces les pido mis deseos más locos y estrambóticos. Por algo vienen de tan lejos y mueren de una forma tan espectacular.

Cuando me cruzo con un gato negro, que pasa de derecha a izquierda, mis deseos son pequeñitos, casi hasta los podría hacer realidad yo misma. A fin de cuentas un gato es algo que ha venido de detrás de la esquina y no se quemará de forma instantánea, deparando un espectáculo de luz y color tan hermoso como la fugaz estrella.

Lo único bueno que he sacado de estos tres días y sus madrugadas, han sido sensaciones en la piel. A saber: el frescor del amanecer, la limpieza del aire tras la tormenta del viernes y la luna, llena y hermosa, jugando con las nubes.

Y mis deseos siguen esperando un mejor momento para hacerse realidad... Tal vez lleguen cuando ya no los necesite, lo que sería una lástima, despues de tanto desear, no poder disfrutarlos al fin.

¿Qué qué deseo? Otro día, mi amigo, otro día te lo cuento...

De película II

De película II

Todos los que andábamos por allí terminamos felicitando, de una forma u otra, a la peculiar pareja y su perrilla. Fotos por todos los lados, pequeños comentarios de admiración, las manos formando esos símbolos que se entienden en todos los idiomas: pulgares arrbia, V de victoria, aplausos tímidos, frases timidas... 

Mirando las fotografías que les hice, hay dos que me hace pensar en las superaciones que el hombre es capaz de proponerse. Son dos planos de sus ojos, los del hombre y los de la mujer. Por separdo, pero ambos brillando en el gris día que les tocó para llegar al final de su viaje.

Yo andaba un poco mustia, precisamente por que llegar a Finisterra me traía recuerdos de otro viaje al mismo lugar en circunstancias muy diferentes, muchos más felices. Y mustia por los días grises que se acumulaban uno detrás de otro, sin opción al sol que hace brillar el verde hermoso de Galicia.

Pero llegar allí justo para ver la llegada de esa pareja helvética, con su vitalidad en el interior de los ojos y  en sus sonrisas, me hizo dar un giro a mis pensamientos. Un giro radical. ¡Yo también había hecho mi propio preriplo vital en estas tierras del fin del mundo!

A veces cuesta mucho convencerse de los cambios. Muchísimo... Sobre todo cuando el cambio es ajeno y no te gusta la dirección de dicho cambio. Pero tienes que asimilar que ya está, que no hay´más opción que asimilarlo. Y en este viaje, justo en este, la visión de dos ancianos (hace no mucho tiempo estas dos personas serían ya ancianas) cumpliendo un sueño me ha hecho reflexionar sobre los sueños y las barreras que nos ponemos para no cumplirlos. Pero también las barreras que derribamos para poder cumplirlos. 

Por mi parte, el año que viene, si nada lo impide, me espera el cap de Creus o... el de San Vicente, depende de por donde corra el viento cuando cargue el coche con Frodo y mis sueños...

La película, por si alguien aún no lo ha adivinado, es "Una historia verdadera", con una banda sonora maravillosa... y una historia conmovedora...

Fugaces

Fugaces

Durante varias noches he salido a ver las lágrimas de San Lorenzo. Me tumbo en la acera de las perreras, caliente el cemento del sol del día. La relativa oscuridad que me da la casa me permiten ver la Vía Lactea marcando el camino del infinito y más allá. Espiar a las estrellas fugaces tiene su encanto. Es como el juego del escondite. Recorro el arco del cielo así, como sin quererlo, sin fijar la vista en nada en concreto. Y ellas se escabullen entre la negrura, dejándome ver solo el rastro rojizo y tenua de su cola. Este año no he podido verlas demasiado bien. Apenas una pequeñas y rápidas ráfagas de luz cruzando el cielo.

Esta vez no he subido a la colina con la manta y toda la noche por delante para verlas, atraparlas en el recuerdo. Este año no he tenido ganas de permanecer hasta el amanecer mirando un cielo negro y profundo. Me digo que el próximo año haré de nuevo el peregrinaje que  durante tantos años ha sido una fiesta para los sentidos.

Ver el amanecer frío de agosto bajo la luz de las estrellas. Me digo que habrá más días como esos. Pero una voz me dice que lo que no haga hoy no lo podré hacer mañana. Nuestra vida es tan frágil e insegura...

Aún así tengo la sensación de que tendré más noches de San Lorenzo para disfrutarlas. Y si no es así, las que he vivido compensan las que no viviré...

Fugaz es la vida del hombre sobre la tierra, que dijo alguién.

 

Azul mar

Azul mar

Justo el día del Carmen paseabamos por las playas próxmas al cabo de Gata. Playas blancas, arena fina. Rectas y casi vacías...

Frodo jugaba con las olas, las mordía, las perseguía y salía corriendo, como los niños pequeños.

Yo salí llena de arena, desesperada de esos pequeñoa granos de conchas milenarias deshechas por el tiempo y el agua.

El azul del agua me tiene quieta en la silla. La brisa marina es suave y húmeda. El yodo se ve, se saborea...

Pierdo mis pensamientos en pasados días junto al mar. La belleza la encuentro en la tremenda distancia que va de una visita a otra. Verlo después de meses, años, es como el rencuentro con un viejo amor del que se guarda un grato recuerdo.

No nos hemos olvidado de ninguno de su rasgos. Sigue siendo el mismo seductor que nos atrajo a sus brazos para inundarnos con su espuma oxigenada y ligera. Reconocemos su amor infinito e intuimos su violencia oculta.  Es el mismo que dejamos hace tiempo y el mismo al que volveremos cuando podamos.

Disfruté de unas horas de relajación total con la simple contemplación de las aguas tranquilas y azules. Ahora me pertenencen, pera verlas este invierno, al calor de la chimenea... Parece que no va a llegar el invierno, pero la luz del sol está cambiando sutílmente ya. Un amarillento imperceptible se está apoderando del aire. El otoño no está tan lejos como parece...

 

Eros

Eros

De mi puerta a la del Thissen hay 78 kilómetros. A veces tardo menos de una hora en hacerlos y otras casi dos. Hoy ha sido de las de casi dos. Al entrar por la plaza de Gregorio Marañón desde María de Molina para enfilar la Castellana abajo (para mí Atocha está abajo y la Plaza de Castilla arriba) me ha pillado el atasco matinal. Un atasco que no se debía a un accidente, sino a los policías de tráfico que estaban "ordenando" el tráfico en Colón... Y es que cuando hay atascos a horas inusuales suelen aparecer los municipales y sus motos para terminar de rematarlo. No falla.

Tenía la entrada para las doce y entre unas y otras he llegado a las doce y media. Pese a haber calculado una hora de más, por si las moscas...

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Eros, eterno, universal, tan unido a Tanatos como la vida a la muerte. Esa muerte "chiquita" que se produce en los orgásmos de verdad, los que te trasladan más allá de la piel y el cuerpo de otro y del tuyo propio. Esa muerte de la que regresas con ganas de volver a ella otra vez...

Eros, representado siempre por una mujer, cuento más bella mejor. Y la serpiente...

Me ha fascinado "La encantadora de serpientes", de H. Rousseau. He ido casi sólo por ver ese lienzo. Pero el resto de la exposición me ha hecho caminar por un mundo de simbolísmos, mitos, colores y texturas. Un mudo que siempre me ha atraido e hipnotizado como la cobra atrae con su danza a sus presas.

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Al salir había un montaje de videos, lo que llaman preformance (palabro que no llegaré a entender...) Me he obligado a mirar, a entender, pero no lo he conseguido. Tres pantallas, tres parejas y el agua. Diferentes entre sí, pero con elementos comunes, el cuerpo y el agua, el desnudo y el movimiento.

Lo siento, no estoy educada para esto. Mi gusto está ya tan adiestrado que sólo la pintura al viejo estilo me hace sentir la belleza de las cosas...

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Eros, eterno, prohibido, transgresor; Eros, seductor, infinito, vital y mortal... Tan lejos ahora de mí, que su visión me trae recuerdos del pasado y deseos de futuro.

Natacha Kinski, la seducción en blanco y negro... Allí, mirándonos fijamente desde su belleza. 

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Aries

Aries

Salimos de Piscis (creo) y entramos en Aries. Hace poco les explicaba a mis peques sobre la astrología y la Astronomía. Sobre superstición y ciencia, sobre estupidez e inteligencia.

Siempre he ido un poco más allá de los "contenidos mínimos" y de lo que está escrito en los libros de texto. Hay cosas que no están en los libros oficiales sino en las estrellas.

No creo que los niños sean estúpidos, simplemente no les damos retos para sus pequeñas mentes. Les hablamos como a niños pequeños, demasiado pequeños.  Buscamos que lo entiendan todo, para lo que simplificamos tanto que la enseñanza se convierte en una papilla masticada y digerida, en "informática para tontos"...

Sé que algunas de mis pequeñas charlas informales con ellos ahora no las llegan a entender del todo. Pero la semilla está echada. Y sé que a tres o cuatro de ellos no se les olvidarán. Ese es mi premio como maestra: el futuro de mis chicos.

Aries es una constelación, no una predicción de un signo del zodiaco  en la última página del periódico. Es una división de tres meses, no un predictor de mi buena o mala suerte o una definición de la personalidad de los nacidos en estos meses. (Soy Aries...)

Prestado

Prestado

Estoy sin internet y ando de prestado por la red. A cambio me da tiempo para ver el paso de las grullas por los cielos azules y de escuchar su voz antes de verlas. ¡Qué ruidosas son!

Los tractores preparan los campos y vamos camino de los verdes esplendorosos que duraran unas pocas semanas. Es lo que tiene el tiempo, que pasa sin pedirnos permiso ni detenerse.

Estuve viendo a Rodain en el Paseo del Prado y las vaquitas pintadas. Madrid, así, en pequeñas dosis, me gusta. Mientras que de los pinos no me canso, del atasco que pillé, salí escaldada. Pero volveré...

Y me voy a comer, que a estas horas no doy más de sí. Gracias a los que de vez en cuando os pasáis por aquí, que de todo se entera una. La proxíma semana seguramente recuperaré el modem y me ponga al día.

 

El cementerio

El cementerio

Hace mucho tiempo, un viajero paró en un pequeño pueblo de un país centroeuropeo. Paseando por sus calles preguntó a varias personas por algún lugar curioso o hermoso que pudiera visitarse en la zona. Todas le contestaron que no dejara de ir al cementerio. El viajero se quedó un tanto asombrado, pero antes de retomar su camino, se acercó al camposanto, un poco alejado de la población. Cuando entró se sintió decepcionado. Era un cementerio como cualquier otro, lleno de lápidas y flores. Pero caminando por sus estrechos paseos comenzó a fijarse en las lápidas y las fechas que había escritas en ellas. Cuanto más miraba, más se asombraba. En una ponía: 8 años , tres meses y un día. En otra  cinco años, diez meses y seis días. Más allá las lápidas mostraban edades pequeñas, algunas incluso anotaban las horas y los minutos de vida del difunto.

Asombrado, fue a buscar al sepulturero, que lo había estado observando desde que entró en el cementerio.

-Perdóne -le preguntó- ¿Cómo es que en este pueblo muere la gente tan joven? Casi todos parecen niños. ¿Acaso entierran a los adultos en otro lugar?

-No -le respondío con una sonrisa el encargado -Los números que usted ha leído no son los años de vida, sino el tiempo  de felicidad que ha vivido el difunto. 

Ante la cara de estupor del viajero, el sepulturero le explico que en aquel pueblo todo el mundo tenía por costumbre anotar en un cuaderno los momentos felices que había vivido en su vida, contando cuidadosamente minutos, horas, dias... Al final de su vida se contabilizaba todo ese tiempo y se escribía en su lápida. Así, las personas eran recordadas por su  capacidad de ser felices.

-Entonces, ¿las lápidas en las que apenas ponen algún día o alguna hora son de gente que ha sido desgraciada toda su vida?

-¡Oh, no! Esas son las de los niños. A ellos, desde que nacen, sus padres les abren el cuaderno y les van apuntando los momentos felices hasta que ellos mismos son capaces de hacerlo. Por eso algunas cifras son tan pequeñas.

 

Este cuento me lo contaron un día en que yo estaba muy triste.  Y la imágen de contabilizar la felicidad en tiempo real me hizo sonreir. Nunca agradeceré suficientemente este cuento a quién me lo contó.

Tormenta

Ayer hubo tormenta. Después de varios meses los rayos alumbraron el cielo que me cobija. Y los truenos retumbaron por el valle. Luego llovío.

En teoría eso no tendría mayor importancia, pero hacía tanto tiempo que no veía ese espectáculo que me maravillé del profundo sonido y de la luz destellante.

Hoy las pocas hierbas que han empezado a salir, lucen verdes y brillantes. Estas lluvias amenazan mi jardín. Tendré que emplearme a fondo para cortarlas dentro de unas semanas. Por contra los frutales, los paraísos, las arizónicas y los rosales disfrutan de un riego natural que les limpia el polvillo arcilloso que se acumula en sus hojas.

Por cierto, ayer cumplí un año más. Y la tormenta me recordó que la vida se renueva día a día. Que el compromiso de vivir aún lo tengo firmado y en funcionamiento y que, en general, el cielo es azul.

 

La foto me ha gustado y la tomo prestada, con permiso del autor.

La ciudad, Málaga, es la patria de mi cachorro mayor. Mi boqueroncito querido...

 

El hombre de la luna

El hombre de la luna

Dicen que hay un hombre anciano en la luna. Ayer intenté verle, como tantas otras tardes en que la luna llena acapara toda mi atención.

Al oeste el cielo estaba anaranjado, al este grisáceo. Y la luna llena suspendida como una perla gigante en el cielo. 

Todos los meses la misma imagen, Y todos los meses me hipnotiza. La luna, esa inmensa bola blanca, que en mi infancia era un gran queso redondo dando vueltas por la cuesta del cielo.

La luna, esa luz plateada que ilumina el olivar y que hace del rostro amado un retrato en grises...

La sombra de los perros, cuando paseamos a la luz de la luna es tan hermosa...

A veces, conduciendo por carreteras secundarias, he apagado las luces y la luz pálida me ha dejado ver otro mundo, casi mágico.

Nunca he visto al anciano de la luna. Puede que mis ojos aún no sean tan limpios como los de un niño, pero no cejo en el intento de verlo agún día. .

El poeta

El poeta

Desde la playa abandonada mi bate preferido ha escrito un hermoso poema sobre Lisboa. Más hermos, más críptico.

Lisboa es un sueño para mí, una realidad para él. Le debo una visita más lenta. Pero no se me olvidará Estoril. El amanecer frente a su mar...

Me enamoré del Atlántico en Portonovo y confirmé ese amor en el pequeño paseo marítimo de Estoril.

 

Fuegos en el cielo

Fuegos en el cielo

Fue el 4 de enero de 2004. Regresaba a casa de noche cuando una bola de fuego como jamás había visto antes, atravesó el cielo ante mis ojos. Quedé asustada, asombrada, impresionada. Esperé y busqué noticias en la prensa y en la radio los días siguientes, pero no llegó nada.

Guardé el recuerdo y seguí viviendo.

Después he encontrado esta información www.infoastro.com/200401/07bolido.html , pero yo la ví de noche, no de día.

Sea como fuera, para mí fue algo único.

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Sueños

Sueños

Cae el sueño

sobre los párpados cansados

y la madrugada ve partir al viajero.

Tal como llegó se fue,

con la brisa de la noche

y el silencio de las estrellas.

 Imágen "El mandala de los sueños" Clauido Gallina, México, 2004

Lisboa

Lisboa

Lisboa, tan hermosa de tu mano,

desconocida aún a la luz del día.

Lisboa se abre al azul ultramar,

con sus viejas cuestas alejándose

del Tajo tan cercano, tan real.

Aquí, a kilómetros del mar, Lisboa,

tan deseada en el azul

del olivo recién podado.

En la noche soñada años atrás,

bajo el olivar, ventanas que se abren

sobre el puente del futuro

 Te sueño cabalgando en el viejo tranvía,

hermano de aquel otro,

minúsculo tren de Cuidad Lineal.

Y una mano sobre otra,

imaginarios de lo posible.

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