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Romero

Paseando esta tarde con los chuchos he visto una planta de romero con dos o tres flores recién abiertas. Para que luego digan que no hay cambio en las temperaturas. Estamos a mitad de noviembre y florece de nuevo el romero...
Yo, que andaba melancólica, he alzado los ojos del suelo y me he quedado contemplando la ladera opuesta. Los robles están amarillentos y junto a las oscuras encinas y los pinos me daban una imagen otoñal de esas de postal...
Y he dejado de rumiar mis amarguras (hoy andaba así, amargada) para llenarme de colores y olores.
Lo malo es que los olores eran los del abono de caballo que habían esparcido por el campo.
Y así, con una hermosa imagen y un pésimo olor ha terminado el paseo. Entre la belleza y el hedor.
La vida es lo que tiene, dos caras en la misma moneda. A veces ves las dos a la vez, cuando la moneda cae de canto...
Ahora me toca bañar a Urko, que se ha restregado, muy feliz él, en esa esencia que tanto le atrae. Como buen cazador lo hace para disimular su olor. Pero a mí me obliga a bañarle si no quiero que impregne la casa de tan "delicado" aroma.
Y con esas y otras, descubro que la tristeza ha dejado paso a una irónica sonrisa. Menos amargura y más champú...
Septiembre II

Pau no comprende por qué digo que septiembre es "dulce". Por lo mismo que diciembre es frío. No es una cuestión de temperatura, sino de simbología. Al menos de la mía. Hay meses del año que son anodinos, impersonales. Meses de paso. Pero otros son meses con entidad propia. Noviembre no me dice nada, al igual que febrero. Cosas que pasan, sin más. Asocio octubre con las grullas y el tono amarillo del sol del atardecer. Mayo con los morados del cielo y junio, cómo no, con la llegada del descanso, aunque sea el último día.
Septiembre tiene de especial, entre otras cosas, que es el mes en que nacieron mis hijas. Con eso ya es suficiente para que sea especial. Pero, además, es, como dicen las profes que se pasean por aquí, como Merce, el tiempo del regreso a la normalidad del trabajo. El mes en el que decides si va a ser un buen curso. Al menos para los docentes que llevamos ya muchos años en las aulas.
Miramos a los nuevos fichajes y nos planteamos la jubilación anticipada o seguir un año más. Tal y como están las cosas, lo de la jubilación no es muy recomendable. Si las cosas vienen mal dadas, tiramos de paciencia y si vienen bien, de más paciencia.
Enseñar es una tarea de muchos, pero utimamente parece ser cosa sólo de maestros y profesores, culpables, a lo que se ve, de todo lo que pasa en la sociedad. Todo lo malo, por supuesto, que lo bueno se queda para los padres y los políticos.
Pero no entremos en eso, que ya es cansado.
Un besazo a todos y gracias por seguir por aquí.
Erik me regaló este maravilloso igniesqueleto... (esqueleto ardiendo, para los amigos)
Medea

El teatro estaba lleno, ni una piedra sin ocupar. En el escenario Blanca Portillo nos regaló a una mujer despechada, intemporal.
Pero..., todo tiene un pero. La puesta en escena tenía demasiadas "licencias". Yo esperaba un dramón clasico, pesado, denso, infumable. Y me encontré con una historia cargada guiños, de metáforas, con un texto dulcificado, accesible, con explicaciones de lo obvio. Me quedé con la idea de que faltaba texto y sobraban efectos. Demasiada modernidad cuando salieron los perros, el coche, la caravana. Demasiada vulgaridad en el estilo de Agamenón y demasiada obiedad en los monologos del Centauro. En fín el arte no tiene más utilidad que la de remover nuestros sentimientos y vaya que si me los removió.
La verdad es que me produjo sensaciones encontradas, agradables y desagradables sensaciones. Me daba la sensación de que habían hecho un ejercico de condescendencia con la inteligencia de los espectadores. En fin, no soy crítica de teatro. Ni siquiera voy todo lo que me gustaría, pero disfruté de la representación, me sorprendieron algunas cosas y me desagradaron otras.
Y sigo admirando el trabajo de los actores de teatro. Y soy consciente del trabajo y los esfuerzos que significan representar una obra como esa. Por eso aplaudí a rabiar al terminar la función, allá, a eso de las dos y media de la madrugada.
Y del entorno, que decir, que vi una estella fugaz en mitad de la representación, deslizándose entre las columnas...
La imágen es el final, el premio del trabajo bien hecho, cuando el público reconoce el esfuerzo...
Creación
DIOS CREO EL CIELO Y LA TIERRA
Después de millones de años
el hombre fue, por fin, suficientemente inteligente.
Dijo: ¿Quién habla aquí de Dios?
Yo mismo tomo mi futuro en mis manos.
Y lo tomó,
y comenzaron los últimos siete días en la tierra.
En la mañana del primer día,
el hombre decidió
ser libre y bueno, bello y feliz.
No ya a semejanza de un dios,
sino de sí mismo.
Y porque tenía que creer en algo,
creyó en la libertad y en la felicidad,
en la bolsa y en el progreso,
en la planificación y en la seguridad.
Y para sentirse seguro,
llenó el suelo bajo sus pies
con raquetas y cabezas nucleares.
En el segundo día del último tiempo,
murieron los peces en las aguas
de las zonas industriales,
los pájaros en el polvo de la fábrica química,
que iba destinado a las orugas,
la liebre en las nubes de plomo de las calles,
los perros falderos en el bello color
rojo de la salchicha,
el arenque en el aceite del mar
y en los residuos del fondo del océano.
Pues los residuos eran activos.
En el tercer día,
se secó la hierba en los campos
y las hojas de los árboles,
el musgo de las rocas
y las flores de los jardines.
Pues el hombre hacía el tiempo
y distribuía la lluvía según un plan preciso.
Hubo solo un pequeño error,
las barcazas estaban sobre el fondo seco
del bello Rhin.
En el cuarto día,
de cuatro mil millones de personas
tres mil millones dejaron de existir.
Los unos por las enfermedades
que el hombre había cultivado,
pues alguien se olvidó de cerrar los recipientes
que estaban preparados para la próxima guerra.
Y sus medicamentos no sirvieron de nada.
Hacía ya demasiado tiempo que habían sido ingeridos
con las cremas para la piel y con los alimentos.
Los otros murieron de hambre,
porque alguien había
escondido las llaves de los graneros.
Y maldecían a Dios,
que les debía la felicidad.
Pues, ciertamente, ¡Él era el buen Dios!
En el quinto día,
los últimos hombres apretaron el botón rojo,
pues se sentían amenazados.
El fuego envolvió el globo terrestre,
las montañas ardieron y los mares se evaporaron
y los esqueletos de cemento de las ciudades
estaban negros y echaban humo.
Y los ángeles en el cielo vieron
como el planeta azul se volvió rojo,
despues marrón sucio y, finalmente, gris ceniza.
E interrumpieron su cántico
durante diez minutos.
En el sexto día,
se fue la luz.
Polvo y ceniza cubrieron el sol,
la luna y las estrellas.
Y las últimas cucarachas,
que habían sobrevivido en un bunker de raquetas,
perecieron con el desmesurado calor,
que no les sentó bien.
En el septimi día,
hubo clama.
Por fin.
La tierra estaba desierta y vacía,
la oscuridad invadía las grietas y
las hendiduras que habían reventado
en la corteza terrestre.
Y el espíritu del hombre irradiaba
sobre el caos cual fantasma de la muerte.
Muy abajo,
en el infierno, sin embargo,
se contaba la emocionante historia
del hombre que tomó en sus manos su destino,
y las carcajadas retumbaban
hasta el coro de los ángeles.
Jörg Zink
Desalentador, premonitorio... Un hermoso poema que recopilé hace tiempo.
Sombras veraniegas

Paso las tardes leyendo en el jardín. Sentada bajo la sombra de los paraísos.
Estos árboles tienen un hernoso nombre pero no se ajusta al trabajo que dan a lo largo del año. Hay que andar rastrillando sus hojas durante toda la temporada de floración. Y en otoño la cosa se intensifica.
Este verano me estoy resarciendo de la sequía de los últimos meses en cuanto a lecturas. Voy mezclando cosas ligeras, como Corazón de tinta, con algo de historia, filosofía para tontos y comics de adultos (influencias de mi asesor particular).
Urko y Farah suelen acompañarme, pues Frodo tiene la mala costumbre de no dejarme leer y de manchar los libros o interrumpir mis lecturas con piedras enormes que pone en mi regazo para que se las lance. Con él es imposible centrarse...
Tengo pendiente salir un par de días, pero tampoco es algo que me preocupe en exceso si no puedo hacerlo.
Ahora que mis vástagos andan por el mundo a su aíre, yo me quedo tranquilamente sentada bajo una sombra. Tal vez añore esos largos viajes por los paisajes desconocidos que aún podría ver. Pero ya no existe el apremio de salir .
No entiendo ese deseo casi enfermizo de ir a una playa atiborrada de gente, en la que las sillas invaden la zona húmeda. Ese afán de moverse sorteando a otras mil personas y esquivar cientos de pelotitas... Supongo que el hecho de vivr tan alejada de la ciudad y sus neuras algo tendrán que ver con ello.
La pasada semana disfruté de la gran ciudad y sus museos. La Castellana vacía, ¿hay algo más gratificante que la gran ciudad casi vacía, lista para que la mires en perspectiva?
Leía en facebook el comentario de una de mis hijas relativo al Pirineo y me trajo recuerdos de largos veranos bajo la sombra de los pinos y los servales. Ella hablaba de veranos que nuca parecían tener fin, de los veranos de su infancia.
Haberles dado esos veranos infinitos, esos recuerdos placenteros, bien merece la pena lo trabajoso que nos resultaba cargar con tres niños, dos tiendas de campaña y un montón de trastos campistas para pasar diez días en el valle de Ansó y luego, a finales de agosto, una semana en Soria.
Luego, cuando nuestros huesos no soportaban más el suelo y los colchones inflables, optamos por las casitas de alquiler en los campings. Más tarde... más tarde ya no hizo falta sacarlos. Salían por su cuenta...
La sombra de los paraísos me cobija en las tardes de lectura y perros. La sombra protectora de los buenos recuerdos...
La imagen es del valle de Zuriza, lugar de nuestras vacaciones illi tempore...
Azul Marino

He estado tres días a orillas del Mediterráneo. Como no me gusta la playa, sólo la he pisado un día. La playa estaba casi vacía, era larga y estaba limpia. Claro que eran las diez de la mañana y me fuí a las doce.
El agua estaba caliente, transparente. Unos pececillos se aventuraban hasta la orilla y un par de niños los intentaban coger con una especie de cazamariposas.
Cerca de la playa una pequeña zona de dunas que intentaban protegerse a base de paneles informativos y un cerramiento ridículo. Palmeras cargadas de dátiles y el olor del salitre en el aire.
Por la tarde un paseo por el paseo marítimo. Y gente, gente por todas partes. Arriba y abajo, como en su ciudad. Puestecillos variados y más gente. Un yate de algun "muchimillonario" mostraba su perfil al sol del atardecer. Un insulto al sentido común. Y eso que estabamos en el Mediterráneo pobre, ese que invaden los madrileños con sus sombrillas y sus pieles blancas, deseosas de quemarse agolpe de sol ardiente.
El mar me fascina. Pero sueño con subir a las montañas... La eterna lucha del verde y el azul.
Forúnculo primaveral

Salen el viernes después de comer. Vuelan por la carretera para llegar antes. Los niños, la comida, la bebida y alguna planta...
Llegan a la parcela y todos conocen su papel: las madres a limpiar y preparar la cena, los padres a plantar, podar y beber cerveza. Los hijos a poner a punto las motos y los quars. Y en pocos minutos lo tienen todo listo para pasar un buen fin de semana.
La madre despotricando y de mal humor por todo el trabajo que tiene que hacer, se va a ver a la vecina, su alter ego, para charlar de las novedades habituales. El padre poniendo a punto la moto del hijo y ocupado en reparar los pequeñso desperfectos, reales o imaginarios, que ha descubierto en la casa o el jardín, entre redioses y cervezas. Y los hijos... ¡ay!, los hijos. Salen a la calle con sus motorizados vehículos, atronando al vecindario. Arriba y abajo con los tubos de escape a todo gas. Pero ¿no habíamos quedado en que la gasolina está por las nubes?
Debe ser que para ellos no. Se tiran horas subiendo y bajando por la carretera, como en un circuito. De vez en cuando se escucha a una madre preocupada por la integridad de su retoño:
- Josuhaaaaaa! ¡Despacio, que te vas a tragar algún cocheeee!
Los más privilegiados llevan casco y pantalones moteros, en toda regla. Los menos pudientes, es decir, la mayoría de ellos, van sin casco, en chanclas y con la risa puesta como seguro contra accidentes.
Sólo cuando cae la noche, a eso de las diez, se retiran los aguerridos pilotos a sus boxers, para reponer fuerzas.
El sábado y el domingo las cosas continúan igual: Antes de comer, después de comer y hasta que cae la luz, los pequeños "pedrosa" queman litros de gasolina mientras las madres se desgañitan para llamarlos a comer y los padres bufan como bueyes cansados de tanto tirar de las cuerdas que arrancan herramientas varias.
Agotada la gasolina, las cervezas y las conversaciones, el domingo por la tarde, presurosos, recogen sus bártulos, cierran el agua, las cancelas y se suben a los coches. Se disponen a pasar dos o tres horas en una larga caravana que les llevará a su pequeños pisos en la ciudad. Y van pensando en que el próximo fin de semana tienen que acabar de arregal los grifos, hablar con Maripuri de su nueva peluquera y hacer las 24 horas le Leman con los ojos cerrados. ¡Por ilusionarse que no sea!
Entonces, cuando se van todos, es cuando se aprecia, en toda su belleza, la soledad del campo. Menos mal que hasta el próximo fin de semana me quedan cinco días de paz y trino de pájaros...
Soy muy mala, lo reconzco. ¡Con lo bien que se vive en la ciudad los fines de semana! Yo que ellos, me quedaría allí y vendría entre semana. ¡Que gozada...!
Regalo

Para Koldo y Ximino
Iberis

Están humildemente ancladas en el suelo. Sin flores no son nadie, simples hierbajos del campo. Pero en estos días de lluvias y calor las he vuelto a ver. No sé su nombre científico pero me encanta el común: "iberis"
Las veo al borde de la carretera, desparramándose en su blancura. Estos días el campo está luciendo su mejro rostro. El de la belleza del color. Blancos, rojos, morados, azules, amarillos... Si hace unos días era el verde en sus matices ahora son las flores quienes ponen vida a la vista.
El espino albar también está reventando en blancos.
Habrá cosas muy serias en las que pensar, problemas que solucionar y astenias que superar. Pero una mirada pausada a la tierra me ofrece unos minutos de sosiego. Una visión de la belleza efímera, que se repetirá el año que viene, pero que ahora me ofrece un lienzo impresionista cargado de vida y esperanza.
Romero

Esta tarde he ido por la ladera del monte, paseando con Urko, Menta y Farah. Su instinto les hace buscar los mejores caminos en un terreno que no los tiene. Alguna trocha marcada, pero que se pierde en pequeños regueros de agua o en bifurcaciones hechas por los desniveles del terreno.
Es monte bajo, con encinas, romero, tomillos y poco más. Algún que otro pino, que aumentan la densidad conforme subimos al monte. El suelo está lleno de hojarasca, de agujas de pino y de yeso, caliza y arcilla.
Hay mucha vegetación seca, que como todos los veranos, es causa de un cierto miedo a los incendios. Pero no se hace nada. Debe ser terreno comunal, pero como no es economicamente productivo, nadie se molesta en limpiarlo. Luego vendrán los ayes y las lamentaciones si pasa algo.
El agua hace su trabajo en las barranqueras y desintegra piedras enormes en un polvillo blanco y gris. Es un suelo pobre, erosionado en formas caprichosas, pero a pequeña escala.
Desde la primavera pasada no habíamos vuelto a esos lugares, tan humildes como hermosos. Cuando regreso a casa y quito los collares a los perros, su pelaje huele a romero. Se traen ese olor tan suave del campo. Y yo me traigo las imágenes de las encinas a contraluz.
Pasito a paso

Y así, como quien no quiere la cosa nos metemos en mayo.
Ando vaga en esta primavera. Lo de los cambios de temperatura tan bruscos me tiene sin vivir en mí. La verdad es que ésta es una primavera al viejo estilo, como debe ser. Variable, indefinida.
Me ha mandado mi peque una foto de Paris, una preciosidad que voy a intentar colgar. El Sena y sus reflejos naranjas.
Estos días el señor Roucco Varela ha hablado. Y me ha dejado sin palabras. Y mira que no me considero religiosa. Pero hay cosas que aún me hacen subir la tensión. Entendí que lo único inamovible eran las normas de la santa madre iglesía, que no cambian con el paso del tiempo y de los avatares políticos. Por él deberíamos doblegarnos a las propuestas más integristas de la religión católica. La verdad es que el buen hombre tiene unas ideas de casquero. Pero bueno, parece ser que ya no se oye nada de esas ideas medievalistas...
Me sigue sorprendiendo la velocidad con la que olvidamos las cosas, cuando la información es un tren expreso lanzado a toda velocidad camino del mañana. Nada permanece, cada día una "novedad", sin tiempo para nada y sabiendo de "todo".
Escucho la radio y me da la sensación de que hasta los locutores (periodistas, más bien) hablan cada vez más deprisa. Hay que apurar el tiempo, decir mucho en pocos minutos, pasar a la siguiente noticia, hacer espectacular lo insignificante. Y sin variedad, por supuesto. Todos dicen lo mismo...
Bueno, pues eso, que dentro de poco será mayo y ya he quitado una primera tanda de hierbajos...
Ah, mis chuchos están cada día más guapos y seguimos en crisis...
El arte de ensayar

Esta vez no puedo hablar bien de Savater. Su último libro, creo, es una recopilación de prólogos sobre una colección de libros de distintos filósofos, "El arte de ensayar". Esperaba algo más, pero me he quedado decepcionada. El librito es una estafa, que queréis que os diga. Ganas de vender por vender... No he leído su última novela, la del premio Planeta. Me pasa lo mismo que con Javier Marías, que leo sus artículos, pero no sus novelas. No les considero escritores sino filósofos, ensayístas. Son buenos en lo suya, pero al igual que Savater comenta que pocos escritores son buenos ensayístas y que pocos filósofos alcanzan el nivel literario en sus escritos, yo comento que a él le ha pasado justo eso. Y me acuerdo del viejo refrán: "Zapatero, a tus zapatos"
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Estos días tan variables están haciendo milagros en el campo. Parece que se han acabado las heladas matinales. Y las lluvias engordan la tierra y los hierbajos. Tengo que comprar ya la gasolina para la desbrozadora... Las garrapatas apareceran si no desinsecto las perreras y el huerto está esperando la siembra. Estos trabajos de campo me recuerdan los frescos medievales del claustro de la catedral de León. Concretamente su calendario agrícola. (Si mal no recuerdo)
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Los matices del verde son infinitos, como el blanco de la nieve en la Antártida. Viajar pos las carreteras secundarias en estos días es todo un festín para la vista.
Tópico de semana santa

Lo que es la vida. Hace unos años sabíamos que en viernes santo no había periódicos ni pan, como el uno de enero. Esta mañana, que mire usted por donde, me he despertado en Zaragoza, en el segundo paseo que ha dado con Frodo, he descubierto dos panaderías y una charcutería abierta en la galería comercial. Y la prensa disponible en la papelería...
Paseando por el puente de Santiago nos hemos cruzado con varios nazarenos, penitentes, hermanos y capuchones... Tienen tantos nombres como cofradías hay. Esta es la ciudad donde los ensayos comienzan por febrero, a orillas del río, al otro lado del Pilar. Los tambores, desde el más pequeño al más grande, retumban frente a las aguas siempre marrones o verdes del Ebro.
La lluvia nos ha calado durante casi toda la mañana. Frodo no está acostumbrado a estar encerrado en una casa tan pequeña. Decíamos que o bien el piso es pequeño o el perro demasiado grande. Pueden ser las dos cosas juntas. Desde luego si viviesemos en un espacio tan reducido, sería un martirio para él y para mí. Pero aquí estamos sólo de paso, por dos noches.
No me gusta está ciudad, como casi ninguna. Pero ésta en especial. Su clima me aterra, no soporto su humedad fría y ventosa y su calor húmedo y axfisiante. El cierzo me trastoca, como buen viento local.
Le reconozco su belleza, su historia, los paseos calmos por el centro cuando el aire es aire y no ventolera feroz. Se come bien y se tapea mejor. Y hay un bar de copas dedicado a Van Gogh, que descubrí hace años y al que vuelvo cada vez que vengo por estos pagos, siempre con el miedo de que ya lo hayan cerrado.
El mal tiempo nos tiene encerrados en la casa. Menos mal que mañana por la tarde estaré en mi jardín...
Este viaje ha sido una pequeña obligación, un favor realizado con mucho amor. Pero... mi jardín es mi paraíso. Y el retorno será alegre.
Voy a intentar colgar una foto, pero llevo dos entradas sin conseguirlo. A lo mejor tengo que emigrar a otro sitio para conseguirlo...
Vamos allá...
Poda

Ayer la lluvia y la nieve me dio un respiro y hoy parece que el sol nos acompañará.
Anduve toda la tarde en el patio quemando las ramas de la poda. Los trocos más gruesos los guardo para la chimenea. Y aún me queda trabajo para esta tarde.
Lo reconozco, el sol me da vida.
La crisis me amenaza, como a casi todos los curritos de este nuestro país. Y mirando de qué puedo prescindir me doy cuenta de que mis vicios no admiten recortes: comer todos los días, dar de comer a mis perros, estar comunicada en el fin del mundo y, sobre todo, dar de comer al banco. Medio suledo se me lleva todos los meses. El resto en recibos varios... Supongo que los paraísos tienen un precio. Pero tal y como han subido las cosas de un tiempo acá... caro me está saliendo.
El otro día me comentaba un conocido que estaba sin cobrar paro desde agosto y que por un descuido de la funcionaria de turno, a su mujer, de baja por enfermedad mental, le habían retirado la ayuda por hijos. Pudo solucionarlo, pero ese es su día a día. Y tiene dos hijas que mantener... Quiere trabjar, pero no puede, no hay trabajo. Luego me asustó, la verdad. Insinuó revueltas, conflictos...
Pensé que tenía que estar agradecida por lo que tenía, y lo estoy. Hay gente que sobrevive casi del aire... Pero esto no puede durar mucho. ¿Qué pasará cuando se les acabe el paro a tantas y tantas personas como hay en ese borde?
Otro conocido me dijo que no me deshiciera de ninguno de mis perros, que tal y como están las cosas más me valía estar segura y protegida en mi casa...
Los dos comentarios se complementan y dan miedo. ¿Eso es lo que se quiere? Crear revueltas civiles para conseguir comida? ¿Estamos ya tan cerca del desatre argentino?
De verdad, que me está entrando miedo. ¿Qué está pasando? ¿Nadie puede pararlo? Es como caminar hacia el precipicio sin que nadie (los que pueden y deben) den un paso atrás. Como esos pequeños roedores que se lanzan al mar sin saber por qué.
Imperios pequeñitos

Dicen que no hay imperio que dure mil años. No sé si los chinos lo habrán conseguido a lo largo de su milenaria historia. Pero por el resto del mundo creo que no. Ayer no pude evitar enterarme de que el imperio USA ha cambiado de emperador. Me gustó la música de Jonh Wiliams. Es lo único que me hizo cambiar de la radio a la tele para ver la interpretación de la pieza musical escrita como regalo al aevento. Y me acordé de otros ilustres músicos que pusieron su genio a trabajar para eventos similares. ¡Qué grandes son los imperios y qué pequeñitos los mortales que los forman!
Pensé que habría mas boato, pero no, creo que se lo han gastado todo en medidas de seguridad. Pero, ¿a quién se le ocurre votar a un presidente negro en Estados Unidos? ¿Es que no se conocen a sí mismos? Ojala les salga bien y el pobre hombre saque adelante los sueños de millones de personas. De ser así, tendré de dejar un resquicio abierto a la esperanza... ¿El pais de los "vip" blanquitos se va a cambiar por el de los "afroamericanos" (que ridículo me suena eso)? Me temo que será el señor dolar quien seguirá moviendo los hilos. El dinero no tiene color, dicen. No estoy muy segura de eso...
En fin, que a Urko ni le va ni le viene, pero a mí, de refilón, a lo mejor sí, por que ya se sabe que andamos en un mundo globalizado (otra estulticia más...)
Que sea para bien...
De cosas importantes

La verdad es que a veces creo que debería dar mi opinión sobre cosas importantes. Debería hablar de economía, política, educación o problemas sociales.
Pero luego leo a otros que lo hacen muy bien. Y me doy cuenta de que mis opiniones son comunes a las de muchos otros y me da pereza ponerme "seria y sesuda", que podría, pero es demasiado cansado.
Siempre buscamos aquello con lo que más cerca y cómodos nos sentimos. Buscamos nuestras opiniones en palabras ajenas y nuestras ideas o "ideales" en otros. Cuando lo encontramos nos quedamos en ese círculo, complacientes, disfrutando con los iguales.
Repasando mis "temas", los veo caseros, minúsculos, sin grandes ambiciones. Pero no me preocupa. Escribo para mí, para que algunas cosas no se me olviden. Para compartir algunas ideas o vivencias simples. Antes lo hacía en cuadernos, en folios. Ahora, más vaga cada vez, lo hago en una pantalla abierta a unos pocos lectores, con lo que no cuento todo, sino retazos que me gustan. No aspiro a que me lean, sino a recuperar mi propia y disminuida capacidad de escribir.
De vez en cuando recupero algún texto, alguna poesía, alguna reflexión.
Hoy, gris y lluvioso lunes, me da por pensar por qué tanta gente tiene la necesidad de escribir y ser leído. Curioso...
Se admiten ideas.
Siberiano

Oigo en la tele que hace un frío siberiano, que la nevada ha sido histórica...
Estos periodistas (o los que escriben las noticias, me da igual) no han estado en Siberia, desde luego. Ni siquiera en el límite de León y Asturias en pleno invierno.
Una nevada de 10 cm. no es precisamente histórica. Es normal. Al menos en esta zona central. O debería ser lo normal en invierno. Estudiaba yo el clima atlántico, el mediterráneo y el continental. A lo mejor es que ahora esos climas no existen. Y lo normal es un clima suave que no nos traiga lluvias, nieves y heladas. A los cohces les sienta mal la nieve. Será por eso que en el norte de Europa todos van a caballo o en troikas.
La manía de llamar "histórico" a todo lo que sucede, aunque sea una nimiedad como lo es una nevada en enero, me parece ya pueril. Estan infantilizando a la gente con tanta exageración. Y encima haciéndoles miedosos.
Pero supongo que llamar la atención para subir la audiencia es lo único que importa. Y la exageración es la única forma de hacerlo.
Con el lenguaje tan rico y expresivo que tenemos, estamos desvirtuándolo con tanta exageración. Y los libros de estilo, tan de moda, no sirven para mucho. ¿Será cuestión de enseñar más lengua y léxico a los periodistas?
¿O de prohibir salir a los cohces en cuanto se nubla un poco el cielo? Así no tendría que dimitir la ministra de turno y todos contentos... Que esa es otra. En cuanto los cielos se abran se pide la cabeza de algún político.
Si es que son como niños...
Restos de la "histórica nevada" al día siguiente... Y Farah sin cadenas...
Urracas 2

Pues no se han ido. Será que yo no miro lo suficiente. Fregando ayer las vi. Grandes, negras, blancas, azuladas... Mis queridas urracas. Eso me pasa por tener las cortinas echadas. Cuando me doy cuenta las abro un poco y veo desfilar la vida.
He plantado ajos en el huerto, así que tendré que verlos crecer. Aprenderé de ellos a soportar las heladas que nos quedan, las brumas y la lluvia. Más adelante seguiré plantando tomates, cebollas y otros berenjenales. La cuestión es, pese a lo que he dicho en la entrada anterior, ver crecer algo, aunque sea una humilde berenjena.
Así me obligo a tener cosas que dependen de mi salud mental, para fortificarla y darle motivos de vida... ¿Terapia? Pues sí, la terapia de los pobres. Y de los que no creen, como yo, en los beneficos de la psicoterapia, a pesar de mis paseos por el habitat.
Al igual que el mal y la duda están dentro de mí, tambien lo está la fuerza para pelearme con ello día a día. Y cuando me fallen las fuerzas acudiré a la química, que es lo único que me aportó mi última recaida, una farmacopea de lo más esquisito.
Pues eso, que las urracas no se fueron y yo tampoco me voy, de momento, a ningún sitio.
Segundo

Hoy es el segundo día de año. Así, dicho, parece todo tan nuevo que dan ganas de seguir a ver que pasa con lo que vendrá luego, el tercero, el cuarto...
Pero es un puro engaño que hacemos a nuestro cerebro. En realidad, hoy es igual que ayer y, tal vez, mejor que mañana.
Hablaba con mi amiga (andamos las dos un poco depre estas fiestas) sobre lo pesado que se nos hace vivir a veces. Decíamos qué para qué tanto esfuerzo, tanta lucha por mantenernos vivas. Y decíamos lo difícil y de valientes que tiene que ser acabar con todo de una vez.
Desde luego no era una conversación gratificante, pero era lo que nos salía del alma en ese momento. La terminanos con una sonrisa muta de resignación. Seguiremos... Ella peleando con su enfermedad, ganándole la batalla a sus dolores y su desazon y yo pensando en mis tablas de salvación, que me mantienen a flote a pesar de mis frecuentes deseos de dejarlo todo.
¡Vaya manera de empezar el año, diréis! Pues sí, es lo que hay. Subidas y bajadas en un tobogan del que siempre caemos y al que cada vez nos cuesta más subir.
Y sigo pensando que la vida no debería ser tan egoísta y que podría soltarnos cuando quisieramos nosotros y no ella y su instinto de conservación, tan esclavizante como el más cruel de los amos... ¿Qué más le da a ella un ser más o menos? Si tiene la capacidad de rehacerse una y otra vez, en millones de formas diferentes no debería ser tan estricta con los que a veces nos cansamos de verle la cara todos los días.
Es el segundo día del año, y esta no es forma de empezarlo, ya lo sé, pero una se va haciendo vieja y cada vez más escéptica. Y me canso de ver como todo sigue igual. Las ilusiones desfilan, pero no se quedan. Sólo permanece la certeza de un mundo igual, girando día a día en su locura.
A veces lo único que pido es un poco de paz para mi mente desbocada, que se mete en torbellinos que no puede parar.
Despues del huracán viene la calma. Seguro que en cuanto salga el sol cambiará mi forma de ver las cosas. El gris me sienta mal, ya lo sé...
Nubes

Llevo varios días sin ver el sol. Y eso me deprime un poco. El otro poco lo pongo yo solita...
Los días soleados, quieras que no, me animan. El brillo de las cosas, el cielo azul, ¡vaya usted a saber qué!
Creo que no podría vivir mucho más al norte de donde estoy. Pero me bajaría al sur si pudiera. Y eso que el calor me mata...
No creo que sea bueno tanta contradicción.
La foto es de las playas de Malaga, yo, de negro, un puntito en la arena. Y el barquito recordándome que se puede viajar si sabemos dirigir la vela con el viento que tengamos.
Primera nevada

Ayer, sobre las 8 de la mañana, al abrir la puerta me encontré con unos copos enormes cayendo del cielo. Poco después se convirtieron en agua y al rato ya no quedaban restos de nieve. Aproveché para sacar un par de fotos. Esta es Farah, que salió a regañadientes del calorcito de la casa para hacer sus cosas. A Urko también le costó lo suyo entender que tenía que salir.
Me recordaban mis días de campista, cuando el frío de la madrugada soriana o pirenáica me hacían desear no tener vejiga para no salir de la tienda y atravesar el camping para ir a los baños comunes a esas horas en que no se han despertado ni los buhos.
Con todo, despejar la mente con el frío de la mañana, con el aire limpio y cortante del amanecer es reconfortante. Sobre todo si dentro el calor te vuelve a amodorrar y tienes la oportunidad de vaguear unas horitas por la casa...
Mente

He tropezado, de nuevo, con la enfermedad mental. Me da igual la etiqueta que esta vez tenga.
Veo pasear a la mujer con pasitos cortos, temblorosos. Las manos casi cerradas, en un arco agrrotado.
Y recuerdo, cambiando el rostro, la misma expresión de estupor en mi familiar. La medicación los aisla de su propia vida para facilitarsela. O tal vez para que nosotros podamos manejarles mejor. Cierto es que no pueden prescindir de ella, que no pueden bajar la guardia o el monstruo les dominará. Pero es tan triste verles así...
Crisis y otras hierbas

Hoy mi banquero favorito, de enormes ojos azules y amigo de infancia de mi hijo, me ha dicho que hasta dentro de seis meses no terminaremos de caer en el pozo. Que para entonces todos los posibles parados estarán ya parados y que a partir de ahí la pescadilla seguirá comiendose la cola, cada vez con más hambre, hasta que llegue a las agallas. Y entonces ya veremos que pasa (la figura retorica es mía, que el muchacho entiende de números, no de literatura)
Además me ha dicho que los ricos en estas épocas se forran más aún, preparándose para cuando vengan las vacas gordas. ¡Terrible paradoja! Ahora que las cosas bajan sólo los ricos las pueden comprar... Los demás, nosotros los curritos de a pie, no podemos comprar ni gasolina para el coche.
Mi banquero de ojos azules me comenta que la zona en la que trabaja está llena de urbanizaciones con gente que ha emigrado de la capital para gastar menos. Pero que si a uno de los miembros de la pareja le falla el trabajo, las pasan canutas para pagar la hipoteca y que el banco se las ingenia para seguir cobrando... a fin de cuentas no les interesa tener pisos vacios. Luego tendría que ponerlos a la venta, pero como no conceden tantas hipotecas como anters, se los tendrían que comer con patatas o venderlos a precios inferiores (de nuevo la pescadilla...)
Me he quedado muy tranquila con sus explicaciones: si me suben la hipoteca, me aprieto el citurón (yo, que ando engordando por la menopausia lo voy a tener difícil) me privo de mis unicos vicios, a saber, los libros, los perros y los hombres de mala vida (esos los deje hace tiempo, no me eran retables...)
Como no quiero prescindir de perros y libros, me queda lo de no pagar la luz, pero tampoco es el caso, que llega el invierno y la tele no funciona a velas, ni internet a pedales (aunque su velocidad me diga lo contrario) o dejar de comer. Tal vez así adelgace un poco, pero mi salud se resentiría, lo que no es plan, pues tengo que seguir trabajando para pagar la hipoteca y la comida a mis hijos tontos (mis perros) y a mis hijos del alma cuando les llegue el momento de volver a casita con mamá por que no puedan pagar el alquiler del piso.
En fin, que mi "ojitos azules" me ha dejado para el arrastre hasta el verano que viene. Y a mis hijos en el paro dentro de poco y todos comiendo tronchos de milonchos, que son nutritivos y salen gratis si los buscas tú misma en las Conchimbambas... ¿Alguien tiene un mapa de la zona?
Fuego

Toda la tarde la he pasado limpiando las chimeneas. Una porque la quiero vender y la otra porque la voy a encender.
Ya pasó el quejarse por el calor. Ahora toca calentarse.
Los días vienen con un sol que calienta poco, pero alegra la vista. Y en mi salón ya no sube de los 15º. Lo que es frío para quedarse sentada.
Me gusta el fuego, de siempre. Y quiero volver a sentir la sensación cálida y hermosa de pasar una tarde mirando las llamas. Ver como afuera se hace de noche y dentro se tiñen las paredes y los cuadros de amarillo. Me embobo mirando las llamas subir, domesticadas, deshacerse y volver a formarse. Son como las olas del mar.
Urko retomará su sitio frente a la chimenea, tan cerca que a veces me da miedo de que se chamusque el pelo. Y yo me sentaré a su lado algunos minutos, acaricándole, mientras mi mirada se pierde en el anaranjado baile que hay a nuestro lado.
Llega el otoño, el rastrillar de las hojas de los paraísos a la entrada de la casa, las humaredas de la quema de los restos de huertas veraniegas y el olor del humo extendiéndose por todos los lugares.
Seguimos en el camino, un año más...
Barro soy

Ando un tanto confusa. Me sucede una o dos veces al mes. Supongo que mi pelea con los fantasmas recientes de la depre aún me rondan de vez en cuando. Hace unos días me asusté, allí estaba, agazapada, acechándo mi voluntad. Pero a media mañana la espanté. Salí al patio, miré al sol y hablé con mis perros. ¡Buena manera de curar la depre...! Pero, por lo que fuera, funcionó.
Ahora los pequeños problemas se van convirtiendo en humo. Pero hay un no se qué rondando mi vitalidad.
Esta es una lucha constante, día día, a veces es cuestión de segundos. Ando con las orejas listas a cualquier señal.
Pero aún así, ¡que miedo me da! ¡Y cuanto trabajo me da! Cuando mantienes durante mucho tiempo el cántaro yendo a la fuente, raro es que no se rompa.
Me voya comprar uno de plástico. Decidido.
Hoy no es mi día, pese a haber sido un buen día. Pero a estas horas algo me atenaza, me entristece. Y no sé lo que es, o no quiero saberlo.
Lo dicho, me voy a por un cántaro de plástico...
El cántaro de la imágen es de www.cacharrería.com. Me ha gustado su forma asimetrica. Así ando yo hoy.

Reconozco que cada vez me gustan menos la fiesta de los toros. Antes veía alguna corrida de toros en la tele. Pero ahora ni eso. Me pone enferma ver la sangre del toro y la desigualdad de la lucha, por mucho que digan... Está de moda lo de los recortadores. Bueno, pues eso me recuerda un poco a los forçados portugueses. Ahí veo una lucha de igual a igual. Y, si a estas alturas algunos necesitan cargarse de adrenalina y demostrar su hombría, a base de enfrentarse a un toro (cuanto sentimiento ancestral hay en este asunto), que lo hagan así, a pecho descubierto.
Pero lo de los encierros en los pueblos no lo entiendo. Nunca lo he entendido. Y el espectáculo de anoche ya no tiene nombre. Jamás había visto un encierro a las 12 de la noche. El personal variopinto, como en cualquier otro sitio: parejas de ancianos vestidos con sus mejores galas, niños correteando por todos los lados, jóvenes cargados de alcohol, adultos jaleando la locura general...
No pienso en el dineral que se gastan las entidades locales en matar a cuatro o cinco bichos en dos días. No pienso en el dolor intenso que debe pasar el pobre animal. Pienso en la necesidad de la fiesta con toros como forma de atraer al personal a los pueblos, aunque sea un día. Pienso en los comentarios que he oído frecuentemente: "Es que sin toros no hay fiesta" "A la gente les gusta, ¿por qué no va a haber toros?" "Se perdería la raza del toro bravo en España si no hubiese corridas y encierros..."
Y pienso en las leyes contra el maltrato a los animales, que me da pie a muchos más comentarios...
¿Nunca nos quitaremos esta lacra de la tradición taurina?
Por cierto, mi cabreo viene porque me hicieron dar una vuerlta de 50 km. al cerrar con el encierro el acceso a la carretera que va a mi casa...
Ensalada
¡Por fín! Ya puedo decir que he comido el fruto de mi esfuerzo. Día a día, poco a poco, los tomates van madurando. Son pequeñitos, dulzones y necesito cuatro o cinco para prepararme una ensalada de queso y tomates. Despues están las cebollas, que esas sí que han crecido bien.
Y las sandías, pequeñitas, tan pequeñas que parecen bonsais. No creo que crezcan mucho más. Pero al menos sé como son...
Hay un melón intentando superar su infancia. Tal vez lo consiga...
Con este notición cierro las crónicas de una huerta. El año que viene volveremos a empezar.
Pepino camuflado

Lo que es la genética. Mis supuestas sandías,de las que yo me sentía tan esperanzada como unicas producciones de mi huerta, eran pepinos. Así, de buenas a primeras, lo rojo se vuelve blanco y lo dulce amargo. ¡Como me recuerda la vida de ahí fuera...!
Pues eso, que antes de que amarilleara del todo la supuesta minisandía alargada (me escamaba mucho el asunto de no verla crecer...) la corté y la abrí. Y al mirar dentro, un pepino de lo más clásico aparecio ante mis ojos y mi olfato.
Una de dos, o mi tierra hortícola ha cambiado la genética de la planta o en el sobrecito de semillas de sandías no había tales sandías sino humildes pepinos...
Bueno, la cuestión es que al menos "algo" he recogido de una tierra empobrecida aún. ¡Un pepino!
¡Con qué poco me conformo!
Zen en estado puro.
La creación
EL PRIMER DÍA Y el amor se hizo hombre y cubrió la tierra con su esperma, inundando mares y tierras. Sus dedos moldearon los montes, su boca besó los cielos. Creó las estrellas con sus sueños, formó las arenas con el roce de sus manos. Lanzó al aire aves de su aliento, dibujó paisajes sin fin. Y el amor se hizo hombre y añoró una compañera. Buscó en el universo, más allá y más acá. Pero nada encontró fuera y miró dentro de sí. Allí la vio, tan hermosa… Orgulloso, la hizo humana, enamorado, la creó divina, desesperado, la adoró en silencio hasta que durmió en sus brazos. Y el amor se hizo mujer, inundando mares y tierras.
Bárbaros

La Edad Media en el arte es una caja de sorpresas. Como lo es el Gótico o el Rococó.
Pero en esa edad, mal llamada oscura, el hombre levantaba la mirada al cielo y lo veía azul, como yo ahora.
Y en las entradas de sus iglesias contaban historias de piedra, comics biblicos, irreverencias y burlas petreas.
Ahora eso lo hacemos con la televisión, la prensa, la vacuidad del exceso.
Se dice que el pueblo era analfabeto. Que se necesitaban esos gráficos petreos o pictóricos para ilustrar a las pobres gentes, hundidas en la tierra hasta la cintura, sin más afán que llegar al día siguiente.
Me suena...
La cuestión es que sus piedras nos cuentan hoy las mismas historias, pero dentro de ochocientos años, de nosotros no quedarán ni las ruinas del cemento y el cristal con que nos cubrimos...
Eran sabios los medievales. Les envidio por haberme contado sus vidas, les admiro por haber sobrevivido a su tiempo. Es una envidia sana.
Gris Cantábrico

Ya de regreso, el sol me recibe después de tres días de no verle. Parece un tópico, pero así es. De los cuatro que anduve por el norte, tres fueron grises. Y el más hermoso de ellos fue el día que paseé a las orillas del Cantábrico. Comillas fue el lugar elegido para que Frodo conociese el mar y para que yo volviese a ver la inmensidad del mar. El sonido de las olas en un día que ondeaba la bandera amarilla me llevó lejos, lejos, hundiéndome en las aguas lejanas de otros mares.
Frente al ocre y marrón de mi tierra, el verde y el gris se impusieron en mis ojos. Contra el calor abochornante, la humedad y el frescor. Eso sí, de mi soledad relativa a los turistas de todo tipo y condición.
Y a las quejas constantes de los dueños de bares y restaurantes, de las tiendas de recuerdos y productos típicos. "Este tiempo no es bueno". "Como no mejore..." "No, no hay mucho personal..."
Pues yo vi muchos coches de acá para allá, las tiendas con gente comprando, los restaurantes con comensales... Tal vez no había aglomeraciones, cierto, pero Santillana del Mar estaba rebosante de gente, y la zona norte de Burgos, por donde me moví, tampoco estaba solitaria que digamos.
En fin, que una de dos, o hay crisis y la gente no se ha enterado aún, o los tenderos, como los bancos, quieren más y más y más... cosa razonable, desde luego, pero de donde no hay, no se puede sacar. Y si la gente gasta menos habrá menos ganancia, pero seguirá habiéndola, que a mí no me ha salido gratis la salida...
Bueno, que he pasado unos días muy agradables.
Frodo en la playa.
Fútbol

Yo, que ando despotricando contra ese pan y circo moderno llamado fútbol, ayer me tragué todo el partido de España. El gusanillo en el anzuelo lo puso mi ex, que se quedó en casa hasta el intermedio. Y yo piqué como un pez tontorrón. Me tragué la segunda parte, la prorroga y la tanda de penaltis. Y aunque estaba con el ordenador abierto y atendiendo a los perros, no perdí ripio del partido. Y cuando llegó el final, con la noche refrescando en el jardín, me senté frente a la tele para ver el orgásmo final. ¡Y vaya final!
La verdad es que no sentí orgullo patrio, pero algo parecido sí. Me daban pena los italianos, pero me alegraba por los españoles. Los comentarios no tenían desperdicio, pero lo mejor, las caras de los asistentes, hasta nuestro bonachón rey-abuelo y la pobre reina-abuela, con cara de aburrida... En fin, todo un espectáculo.
No negaré que "sufrí" un poco al final. Después de tanta carrera, tanto sudor y tanto esfuerzo, hubiera sido una pena que perdieran, pero lo mismo debían pensar los tropecientos mil italiaos que se quedaron al otro lado...
Siempre compitiendo, siempre intnentando demostrar ser mejor que los otros... Las tribus que no paran de enseñar pectorales frente al "enemigo" Y, por otro lado, la sensación mental de centrarse sólo en una cosa, de que desaparezca el mundo por unos instantes hasta llegar al orgásmo final de la victoria. ¡Sí señor, como un verdadero encuentro sexual...! Ahora entiendo a los forofos y a los ultra... Descarga de adrenalina y testosterona a litros...! Por eso a las mujeres no nos gusta tanto el fútbol, nos faltan las hormonas adecuadas...
De aquí al jueves otra vez a esperar el sufrimiento. ¡Pues qué bien...!
Mientras tanto Hacienda me ha pegado un buen palo, mi hija ha terminado su carrera y mi hijo ha suspendido su tercera oposición... Mis perros ladran y las zanahorias crecen. La vida es lo que tiene, que no se para por un mundial de más o menos.
Mediado junio

Estamos a mitad de junio, en una tierra donde debería estar haciendo una solanera de mucho cuidado. Pero mi huerta no avanza por falta de calor. Lluvia tiene toda la que quiere, pero el calor no aparece. Las tomateras están ridiculamente bajas y las zanahorias prosperan. Melones y sandias apenas asoman del suelo y las cebollas malcrecen.
Esto de meterse a hortelana tiene su encanto. Sobre todo porque de pronto entiendes a los agricultores, siempre mirando al cielo. Hace dos días cayó por estos lares un pequeño granizo. Y cuando paró salí disparada al huertecillo para ver qué había pasado. Todo estaba bien, pero me hizo reflexionar sobre la incertidumbre en que viven los hombres y mujeres que dependen del cielo para vivir.
Por un lado la sensación de que las plantas "son tuyas" y de que no quieres que les pase nada, Por otro el trabajo despercidiado y las horas perdidas. Y eso que lo mío es minúsculo y de prueba.
Por otro lado los callos y las durezas de mis manos me hablan del esfuerzo de arrancar al campo nuestro alimento. No es fácil, os lo juro. Sobre todo cuando doblas el espinazo para destripar terrones de tierra y quitar piedras y hierbas... Toda una vivencia para quien siempre anda entre libros. Sudar de los pies a la cabeza, embarrarse cuando ha llovido o esperar a que caiga el sol para poder desbrozar las malas hierbas. Acabar en el sofá, rendida pero satisfecha.
El campo es lo que tiene: Da lo que recibe aunque en esto es como todo en la vida. Un toma y daca edificante y mortificante a la vez...
FAO

He estado oyendo y viendo retazos de información sobre la cumbre de la FAO estos días. Y se me ha caído la cara de vergüenza. Se reunen los ricos del "pueblo" para arreglar el hambre de los pobres del pueblo y deciden posponer unos añitos las reoluciones más importantes. Para limpiar su conciencia hacen unas donaciones ridículas dejándoles, una vez más con el papel del caramelo para que lo chupen un poco...
No hay vergüenza, ni ética ni moral. Da igual el número de personas que mueran (millones) que los ricos siempren encuentran escusas para no soltar...
Me indigno al enterarme de la manipulación genética de las semillas para hacerlas infértiles y que al año siguiente las tengan que volver a comprar. ¿Desde cuando se es dueño de una semilla? ¿Desde cuando se tiene la patente de la vida?
Debo vivr en otro mundo, en mi mundo, pues no entiendo nada... ¿Por qué cotiza el arroz y el trigo en bolsa? Es un bien necesario, es propiedad de la tierra no de los especuladores.
Vergonzoso, indignante. No entiendo nada. Y no puedo hacer nada.
En momentos así es cuando me gustaría que el infierno existiese y porder mandar allí a todos esos sinvergüenzas que acumulan riquezas que jamás van a disfrutar...
El mundo, con toda su bellaza, no es justo ni injusto, ni siquiera Dios tiene la responsabilidad de nada (suponiendo que exista) somos nosotros, los más listos del barrio, los que la liamos. Nosotros y nuetro dinero, nuestra ambición, nuestra concepción miserable de la vida. La mezquindaz y el egoísmo... Un dechado de virtudes, vamos...
Caminar

"el deseo se nos agranda, se nos hace necesario seguir este camino"
Las palabras nos rescatan del olvido. ¿Qué sería de nosotros sin esas mágicas pulgas que se escurren por el papel, negras o de colores, diminutas o gigantescas? ¿Qué sería de mis recuerdos si no tuviese folios y folios a los que recurrir para refrescar mi valdía y seca memoria?
He rescatado las palabras que inician esta nota de un correo. Las he convertido en papel, en texto real. Y luego, morosamente, las he leído con la mirada del recuerdo. ¡Toda una vida de sensaciones! Pero, también una seria reflexión sobre la vida, esa que no se puede controlar porque está hecha de sueños y mentiras. La vida que sentimos dentro, sin posibilidad de evitarla o cambiarla. Engañarse a uno mismo es una de las tareas más difíciles que debe llevar el hombre a cabo si no quiere perder su razón. Pero salvada la situación que nos llevó a ese autoengaño, las cosas deben volver a su estado inicial, a saber, la verdad personal como bandera de vida.
Las palabras, como método terapéutico para sanarnos del olvido y las jugarretas de la memoria. Las palabras, como senda por las que recuperamos tiempos, espacios, personas vividas en un pasado, que se aleja de nosotros cuando menos lo deseamos. Las palabras, dulces o amargas, suaves o ásperas... Aquí las tengo, delante mía. Como un rompecabezas las voy formando. De mi memoria visual a mi memoria olfativa, táctil, sentimental. ¿Quién niega que recordamos con palabras, que pensamos con palabras...? Las imágenes de los sueños acabamos convirtiéndolas en palabras. Los recuerdos son palabras que aún no han volado de nosotros.
Por eso, tal vez, guardo tantas palabras en forma de recuerdos.
Todos contra todos

En estos días de lluvia he leído periódicos y visto telediarios. Y compruebo que todo sigue igual. El agua no ha limpiado nada más que el polvillo de las encinas que crecen junto al camino. Lo demás sigue igual.
Da lo mismo que tarde un mes en retomar la realidad informativa. Las noticias y sus protagonístas son los mismos: el hombre y sus odios:
Israelís contra palestinos, libaneses contra libaneses, cristianos contra musulmanes, hombres contra mujeres, riqueza contra pobreza, hambre contra opulencia, derroche contra penuria, injusticias sin nombre frente a impunidades acorazadas, rusos y croatas, catalanes contra españoles, vascos contra españoles, valencianos contra aragoneses, Bush contra el mundo, el mundo contra si mismo...
Y esto es una pequeña relación de todas las barbaridades que estamos cometiendo contra nosotros mismos.
La vida sigue, arrastándose por su lodazal habitual.
Nos queda la poesía, el verde brillante de las hojas recien salidas, la sonrisa de los niños, el llanto de los bebés, la mirada amada, el azul del cielo...
Pero a estas alturas ya no sé si merece la pena consolarse con esas nimiedades que sólo nos interesan a nivel personal y nos ayudan un poco a soportar todo lo demás.
El caos pasa junto a nosotros pero nos hemos acostumbrado a esquivarlo. Algún día, supongo, nos alcanzará el destino.
Escher es el mago del caos visual y del engaño de las líneas. Todo un maestro para nuestro tiempo, donde nada es lo que parece..
Se vende

Me venden de todo: una realidad diferente con un teléfono, la juventud eterna en pastillas, leches y cremas. Me venden un mundo salvaje junto con un todo terreno, un aire limpio con un ambientador, una figura elástica con una bici. Me venden la felicidad a cambio de dinero. Y, lo mejor de todo, es que según ellos, lo quiero todo y ¡ya!
La tentación no vive arriba, vive encerrada en una pantalla de televisión, en unos escaparates estudiados al milímetro, en una radio bocazas, en las arcas de las empresas.
Y mientras yo intento resistirme a las luces, a los milagros, a las mentiras. Pero no puedo dejar de comprar. Regreso a casa cargada de bolsas, el monedero temblando y la sensación de haber caído en sus garras.
Y eso que sólo compro comida, algo para la casa y los perros y, de vez en cuando, ropa para reponer los destrozos del tiempo en mi vestuario. Pero siempre vuelvo con algo más de lo que necesito.
¿Por qué será?
Estructuras
Estructuras,
donde el rostro mil veces repetido
marca la vida de su dueño.
Ojos y curvas maxilares,
repetidas y únicas en el aire.
Miro a mis semejantes
que en nada se parecen a mí
pero son iguales a mi otro yo.
Estructuras de huesos y frentes,
de recuerdos atrapados al vuelo,
que recogen pasados rostros
iguales a los que ahora veo.
Y en el tumulto del encuentro,
nombres acumulados en el olvido
se ponen máscaras ajenas.
Ellos no lo saben, pero les he cambiado
su vida entera.
Ya no es el Marcos de ahora
sino el Juan de antes,
ese Juan que perdí siendo niña.
Ya no es Lucía, seria y oscura,
sino María, risueña en su canto.
Todos sois otros, otra seré yo para vosotros,
simples estructuras óseas...
Tiempo

Ha pasado casi un mes, unas elecciones y el tiempo.
Mis almendros van floreciendo poco a poco, por turnos. Según su situación respecto al sol en la parcela. El más madrugador es el más protegido por la fachada principal de la casa. Los demás tienen menos suerte... El destino de los seres vivos es así. Depende de dónde nazcas...
Las abejas andan laboriosas entre el romero y los almendros. Lástima que la miel me produzca ardores.
Y todo sigue igual. El tiempo pasa, deslizando los granos de arena en nuestro reloj vital. Mientras lo podamos ver, todo va bien.
Y en la imagen no hay abejas, sino las pobres y desprestigiadas avispas. Su nido de papel es un modelo de arquitectura funcional. Una maravilla, sujeta casi de milagro a la pared. Estilizadas y laboriosas, pero con una mala fama que les viene de su inutilidad para fabricar miel. La economía por delante de todo. Si nos fueran útiles, qué diferente nuestra visión de ellas.
Lo que decía, todo depende de dónde y qué seas al nacer.
Paseo invernal

El cielo se derrite en plomo. Una suave llovizna empapa el suelo. Las hojas de las encinas, las agujas de los pinos y el tomillo tapizan el suelo. Agallones, piñas y pequeñas bellotas se mezclan con la arcilla y la caliza del suelo. La primavera está aún lejana, pero el verde ya despunta en algunos lugares. Ese verde grisáceo que brilla en la mortecina luz de la tarde, promesa de otros verdes esplendorosos y vitales atraen su mirada.
Unos caminos apenas dibujados se bifurcan aquí y allá, llevando los pies a su antojo. El bosque y las grandes tierras labradas se mecen en el silencio de la naturaleza. Los lugares son reconocidos por unos ojos tristes y oscuros, que miran hacia atrás, de vez en cuando, intentando atrapar un recuerdo. El lento vagar de los pasos apenas produce ruido.
Un conejo salta de pronto, entre unas matas y corre, ofreciendo su pequeño y algodonoso rabo a la vista. Las puntas de sus orejas, blancas y negras, enhiestas, desaparecen entre un pino y una sabina rastrera. Esta vez nadie le persigue. Solo la mirada va tras él, sin apenas darse cuenta.
El barro en los zapatos hace pesado el caminar. De vez en cuando debe limpiarlo restregándose contra un tocón, una piedra o algún matojo. La tarde cae lentamente, mientras los ojos absorben las siluetas, los verdes, el marrón y el gris.No sucede nada.
Apenas unos viejos recuerdos se van cayendo de su memoria. No quiere pensar, pero el paisaje, tan reconocible, le obliga a recordar otras luces. El verano, el cielo azul, las estrellas y la luna. Ha conocido ese paisaje en todas las estaciones del año, en todas las temperaturas, en todas las circunstancias. Y no puede o no quiere olvidar.
Tiene que salir del ensueño, regresar. Abrirá una puerta, entrará en un espacio familiar y acariciará viejos libros. Pasará el tiempo y su corazón nunca dejará de sangrar recuerdos y sueños que se desharán como desaparece la niebla bajo los rayos del sol nuevo.
El fideo

Hace tiempo que un fideo
atormenta mis comidas.
Es un fideo normal,
ni largo ni corto,
ni ancho ni estrecho,
tiene la justa medida
de un fideo vulgar.
Este fideo tiene
una manía especial:
no se deja comer,
se las apaña para escapar
a su instante final.
Sentada frente a mi sopa
apuro el plato golosa
y entonces, el muy traidor,
aparece de sopetón.
Ahí está, risueño y burlón,
ni gordo ni flaco,
ni corto ni largo.
Dispongo la cuchara,
preparo el paladar...
el muy astuto me mira
y desaparece sin más.
Miro y remiro;
el traidor escapó,
pero estoy segura, ¡lo sé!,
que en la próxima sopa
volverá a aparecer.
¿Cómo atrapar
este fideo tan informal
que se burla sin piedad
de este pobre mortal?
¿Dónde se esconde
cuando en mi plato no está?
Seguro que un día,
cuando me canse de la sopa,
su visitante descortés
me gritará que quiere volver...
Será ya tarde,
pues una patata frita,
dorada, sabrosa y crujiente,
aparecerá junto a mi filete
y no se dejará pinchar...
Una más del cinturón

Ya. Por fin tengo a tiro de piedra la catedral del consumo. Bueno, más bien la capilla, que grandes las hay más grandes. Y no paran. Ayer me llevaron a verla. Lo digo por que yo, voluntariamente iré cuando necesite algo muy concreto. ¿Cómo no voy a necesitar algo de vez en cuando?
Pero ya me han dicho de alguien que en cuatro días que lleva abierto, ha ido cinco veces...
En fin, que cuando todo esto se acabe, dentro de algunos decenios, siglos o milenios, ya no tendré nada que decir.
Se acabó. Mi pequeña ciudad adoptiva ya está más cerca de Madrid. O Madrid está más lejos, por que ya no hará falta ir allí. Hasta hace unos años era una ciudad cómoda, habitable, hasta un poco provinciana. Y me gustaba. Pero está visto que tendré que emigrar a Soria, último reducto de la vieja España rural. ¿Tan malo es sostener el buen estilo, la clase, la calma...?
Esto me recurda la expansión del imperio romano. Uno tras otro iban devorando pueblos, ciudades, paises.... Ahora nos colonizan de otra forma. Tan insustancial y vacía que da miedo. Al menos ellos dejaron su idioma, su ingeniería, su arte copiado y sus leyes. Pero esta nueva y lenta invasión de centros comerciales, ¿qué nos deja?
Lo único bueno que he sacado es que hay salas de cine, un montón, entre las que han colado unas pequeñitas donde pondrán pelis de esas que solo se podían ver en los Princesa y los Renoir. ¡Eso me gusta! De hecho ya le he echado el ojo a una para ir el sábado. ¡Que Dios me ampare! Como cumplan mis espectativas me voy a arruinar en cine. Tango tantas pelis "raritas" pendientes de ver...
Descanso

Despues de dos años he vuelto a las Tablas de Daimiel. Seguían prácticamente secas. Mantienen unas zonas innundadas para los pocos animales que se dejan ver al atrardecer.
Llegué a media tarde, cuando el sol comienza su descenso. Los turistas regresaban de sus rutas y yo la comenzaba. ¡Siempre a contracorriente! Paseé lentamente sobre las viejas maderas y miré las aguas estancadas, los lodazales y los infinitos carrizales. Cuando ya se ponía el sol los pájaros, los patos y las personas comenzamos a recogernos. Una algarabía de voces, de cantos, un ruido de hojas secas aplastadas bajo las patas delicadas de los que hacían su cama para pasar la noche entre los carrizos y los juncos. Sobre el cielo rojizo unos grupos de garzas negras regresaban, con sus flechas de vuelo, sombras negras estilizadas y coreográficas en el cielo. Fue una sensación de paz, de felicidad. Las aves planeaban sobre mi cabeza, muy por encima, haciendo circulos amplios, hasta que se alejaban para descender a sus zonas de descanso.
Conseguí la paz interna que necesitaba, como las Tablas necesitan lluvias intensas para recuperase... Ojala llueva mucho este otoño, para que la primavera vuelva a traernos un manto de agua y vida.
Cuento

EL VENDEDOR DE TIEMPO
Hay en mi ciudad un curioso personaje. Es un hombre de mediana edad del que casi nadie sabe nada, Pero tiene un don especial y es su capacidad de escuchar. En las tardes suaves de otoño o en las cálidas y luminosas de primavera suele sentarse en un banco del parque. Siempre elige el mismo, el que está cerca de la fuente, bajo el sauce. La gente, cuando le conoce acuden a él. Pasean disimuladamente, esperando que el banco se quede vacío, a que termine el que está sentado al lado del oidor. Entonces se sienta a su lado. Es una regla no escrita entre la gente que lo conoce, todos deben esperar su turno, sin dejarse ver para no poner nervioso al que está utilizando el banco y su particular personaje. Es una zona reservada para las intimidades. Yo, que me enteré por casualidad de aquella costumbre, comencé a frecuentar el parque, aquella fuente, aquel sauce. No solía estar por las mañanas y era entonces cuando yo me sentaba en el banco, intentando coger el valor necesario para regresar por la tarde y descubrir, por mi misma, la esencia de aquel hombre.
Por fin, un día, tuve el valor suficiente y lo hice. Pasé varias veces delante del banco en el que estaban sentados nuestro oidor y un chico joven, apenas un niño aún. El muchacho reía, gesticulaba, miraba al hombre de vez en cuando, se le veía feliz. Por fin se marchó. Como no había nadie cerca decidí probar suerte. Me senté a su lado y le saludé: "Buenas tardes". El hombre me miró y comprendió que era la primera vez que estaba allí y me contestó "Buenas tardes, por favor, la próxima vez no espere que le conteste". "Quisiera saber que es eso tan maravilloso que hace usted". El hombre no me contestó. Yo, extrañada, le miré intensamente, esperando su respuesta, pero no llegó. Ya me habían dicho que era muy raro, pero no pesé que llegara a tanto. Después de hacerle varias preguntas, casi retóricas, desistí de esperar ninguna respuesta. Le dije, dando por terminada mi estancia en el banco: "Me alegro de haberle conocido. Si alguna vez necesito de usted, vendré a verle." El hombre me miró con una ligera sonrisa en los labios y me dijo: "Seguro que me necesitará y aquí estaré, para ayudarle."
Pasó el tiempo y yo seguí hablando con la gente que le frecuentaba. Solo descubrí que el hombre simplemente escuchaba a los demás. Jamás daba su opinión sobre nada, apenas intercambiaba unas frases de saludo la primera vez. Tampoco contestaba a ninguna pregunta, retórica o no.
Mi vida transcurría tranquila hasta que un acontecimiento la trastocó completamente, dejándome en un estado de estupor y asombro del que no podía salir. Al cabo de unas semanas de encierro voluntario pude salir a la calle y, con las pocas fuerzas que tenía en esos momentos, me acerque al parque y al banco. Era una mañana de otoño, triste y amenazante de lluvia. Tenía la esperanza de encontrarle allí, pero tuve que esperar, sentada en el frío banco hasta la tarde. Ni siquiera tenía ánimos para ir a comer al bar más cercano. Cuando daban las cuatro en una torre cercana, el hombre apareció, paseando tranquilamente, y se sentó junto a mi. Nada más hacerlo le dije "Buenos días. Ya sé que usted no me va a contestar, pero quisiera hablar un rato con alguien." El hombre no se inmutó y yo continué hablando. Hablé tanto que la noche, ya prematura, nos fue envolviendo lentamente. Cuando apenas quedaba luz en el parque y las farolas llevaban un rato encendidas, le pedí disculpas por haberle retenido allí durante tanto tiempo y me marché. Comprendí, entonces su utilidad. Las alegrías y las tristezas, los deseos, las fortunas, los desastres, todas las miserias y grandezas del hombre solo necesitan de un poco de tiempo y un oído amigo para dejar de ser tan importantes, tan dolorosos, tan efímeras. Aquel hombre lo escuchaba todo. No juzgaba, no preguntaba, simplemente absorbía aquello que se le decía, atentamente, con respeto. Durante una larga temporada continué yendo al parque, hasta que, poco a poco, tomé de nuevo el pulso de mi vida. Me fui serenando y las visitas al banco se hicieron más placenteras. Por último yo misma me senté en un banco, una mañana de principos de primavera. La primera persona que se sentó a mi lado me dijo: "Buenos días, ¿puedo hablar con usted?" "Si, le contesté, pero la próxima vez que venga, no espere que le conteste."
Ahora, en mi ciudad hay un hombre en un banco y una mujer en otro, en el mismo parque, cerca de la fuente, bajo un sauce, cuya única finalidad, en los largos días de verano o en los fríos y cortos del invierno es la de escuchar. La gente nos conoce y viene a nosotros solo con su palabra. Los dos las recogemos y las guardamos en nuestra memoria, alejandoles de sus miedos y temores, fomentando sus alegrías, dando un poco de tiempo a quien no lo tiene. Así sucede en mi ciudad.
Amarillos

Es una obviedad. Estamos en otoño. Las hojas del paraíso y del almendro caen. Tiñen de añarillo sucio el suelo. Es una alfombra para que el invierno repose sus frios pies. Quedan en verde los pinos, las encinas y las arizónicas.
Se han perdido los amaneceres suaves y el aire sale ya caliente de la primera bocanada que doy al salir a la calle.
Pero los días siguen gloriosamente claros, con un sol que cambia de tono y se va a dormir cada vez más pronto.
He nombrado a la casa, por fin. Ahora ya vivo en una isla. La isla de la espera, de la partida y del regreso, la isla de Penélope, el origen del viaje, el punto de llegada. Itaca es uno de los lugares donde la vida pasa, se detiene, espera, concluye.
Llega el otoño, con la melancolía del que pierde para poder ganar.
Escucho: el azul y el amarillo hacen el verde. Ahora es el amarillo cayendo quien prepara el verde. Pero hay que esperar. Y mientras esperamos debemos seguir viviendo. O perderemos la mitad de la vida esperando. Y eso es un desperdicio que la naturaleza no perdona.
A la niña muerta

Si cree en Dios, a Él se encamina.
Si no, regresa a la tierra que tanto amó.
Hay muertes suficientes
para que cada uno encuentre la suya.
Hay tantas formas de morir
como hombres diferentes.
No existe muerte injusta, prematura o inmerecida,
Sólo hay una muerte al final de la vida.
La vida se escurre en nuestras manos,
pero no sabemos su caudal.
Escrituras

Una tarde cualquiera de verano voy al parque de mi ciudad adoptiva.
Me siento en un banco y miro a mi alrededor. Un muchacho escribe poesía en la plazuela. Me produce una cierta ternura, un punto de instinto maternal. Es tan delicado, con sus cabellos rizados y rubios, con su juventud... ¿Qué hay en su cuaderno? Me quedo con ganas de verlo.
Un poco más allá una joven madre, con dos niños jugando a sus pies en la arena, escribe en una libreta. No es frecuente ver una imágen así. ¿Qué hay en su cuaderno? Me quedo con ganas de saberlo.
Yo, sentada frente a ellos, escribo en mi cuaderno. Recogo las impresiones que me producen, mientras el tiempo desgrana sus minutos lentos. ¿Qué escribo en mi cuaderno? Me quedo con las ganas de releerlo.
Regresos

Regreso desde el silencio de más de un año. Tengo ganas de retomar la vida poco a poco. Espero encontrar los amigos que hice paseando por las praderas del unicornio.
Aunque estemos entrando en el otoño, recuerdo la escarcha del invierno pasado. Un largo y triste invierno que ya pasó. Ahora, pasado el verano espero la dulzura del tiempo de hojas amarillas.

