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Lacitos

Lacitos

Ayer fui a recoger los regalos, para familia y amigos varios. Como no me gusta comprar, ya sabeís, un día me acerqué a la tienda, elegí todo lo que necesitaba (libros, discos, pelis...) y los dejé "apartados".  Esta forma de comprar me resulta muy cómoda. Voy cuando no hay jaleo, elijo con tiempo lo que pienso que a cada uno le va a gustar más, y lo dejó allí (confianza con el tendero...) Luego, cuando ya queda poco tiempo para el evento voy a pagarlo y se acabó.

Pero, como siempre, algo se te olvida. Y ahí empiezan mis problemas. Tengo que ir de nuevo, a lo concreto, pero de nuevo, a la tienda.

Ayer tuve que ir a tres diferentes. Y vi unas colas raquíticas en las cajas, si es que las había. Poca gente, para ser el sábado que era... No me estraña que anden todos del revés, los comerciantes, los empresarios y el gobierno. Pero si la gente no compra, tal vez sea por que reservan el dinero para pagar la hipoteca, la comida, la ropa, el coche... ¿no?

Algo me dío ayer que pensar:  la ausencia de lacitos, campanitas, y pompones... Es decir, esos pequeños adornos que se ponen en los envoltorios de los regalos.

Los sucesores del señor Areces tenían un cuidado especial en la presentación de los regalos. El año pasado era una gozada ver como te lo presentaban. Pero este año, nada de nada. Y eso que estuve en dos centros diferentes. Me tocó comprar cintas y lacitos a mí, para que la cosa no quede tan fría.

Y hablando de frio, ¡que frio es regalar dinero! Útil, eso sí. En las tiendas tienes tarjetas que tú rellenas con dinero X.  Te ahorras pensar en el destinatario.

Pierdes el interés de abrir el sobrecito. La ilusión del ¿qué será? se evapora.  Me parece que se nos olvidan las personas y valoramos el regalo.

Yo sólo lo he hecho cuando me lo han pedido, que conste.

Pero me gusta pensar en el destinatario antes, durante y despues del proceso de regalar.

Y como me gusta mucho el personaje, os deseo ¡Feliz Poconavidad!  

 

Navidad

Navidad

Todos los años la misma historia. Para los zorros viejos como yo, el asunto es una pequeña china en el zapato. Hay que hacerlo. Hacerlo sin convincción. No tenemos el valor de decir: "Este año que le den por saco a la Navidad".

Reconozco que no puedo abstraerme del bombardeo y que estar junto a mis amores me atrae.

En la última nevada saqué está foto del amanecer. Y, no sé por qué, me pareció que en ese momento empezaba la Navidad. Un poco triste, lo sé. El humilde pino se había convertido en un arbolito navideño, desnudo de adornos y luces. Un arbolito sufriendo la crisis de la que tanto hablan.

La verdad es que no puedo adornarlo, pues los perros acabarían con él en unos minutos. Pero me lo imagino lleno de luuces y espumillón.

Esa es la idea: una Navidad virtual, sólo en la imaginación.

Los buenos deseos, las buenas intenciones dicen que son lo que nos queda en estos días para regalar a los demás. 

Puedo ser generosa:

Os deseo lo mejor, sea lo que sea para cada uno de vosotros.

Cavernicola

Cavernicola

Hoy he tenido el dudoso placer de hablar con un energúmeno prehistórico. Alguien que no ha superado la edad de piedra. Sólo le faltaba la piel y la garrota de mi cavernícola favorito. Y le sobraba la mala educación. El incidente tiene su miga, pero no os voy a cansar con ello.

Escribo, simplemente, que no entiendo a las personas que hablan a gritos, que anteponen su razonamiento al de los demás, que no dejan un lugar a la explicación ajena. Hablo de esas personas que se consideran "algo" por tener un poder que nadie les ha dado, aunque sea  un poder tan estúpido como el de ser presidente de una junta de vecinos, puesto heredado, por cierto, de una buena persona que murió este verano.

No entiendo a quien ataca y acusa para defender su propia inoperancia. Pero, sobre todo me ha sorpendido su mala educación. La forma de hablarme a gritos antes de que yo entendiera de qué iba la función.  Y cuando lo he comprendido me ha parecido tan ridículo, que he dejado de escucharle.

Despues un muchacho se ha disculpado por su comportamiento. Curiosa la situación. Quien nada ha hecho se siente responsable de un elemento que no merece ni el nombre de hombre. Tal vez sentía vergüenza ajena. Será eso.

Dejo para la próxima una hermosa historia de corazónes mezquinos y grandes corazones, que curiosamente también he vivido hoy...

Ha sido un día frío, con un sol radiante y dos historias contradictorias, como la vida misma.

Noche de luna oculta

Noche de luna oculta

Acabo de salir al jardín para sacar a los perros. Y el cielo me ha sorprendido con su luz matizada. Lo que hace unos días era negro como boca de lobo, hoy es un gris matizado. Veo a los perros, las perreras y unas nubes blanquecinas y lechosas sobre nuestras cabezas.

Sé que la luna llena está detrás de ellas, derramando su luz blanca sobre nuestra azul tierra,

Con esa luz he mirado los amados ojos gris-azulados. Con esa luz he bailado en el olivar. Con esa luz he recorrido caminos acompañada de mis perros.

Me hechiza, me atraen estas noches de luz llena. Me hacen hacer locuras. Supero el silencio y el miedo. Me adentro en el campo, por caminos trillados de día.

Bajo esa luz he vivido momentos tan hermosos que me han hecho llorar de placer y felicidad.

Y es bueno recordar estas cosas y compartirlas. Aunque  estos días ande un poco baja de ánimo, de vez en cuando me siento bien. Por eso no me gusta la ciudad. En ella no tendría estos minutos de disfrute total con la naturaleza. En la ciudad todo es artificial, forzado. Aquí me hablan el aire, los árboles, los caminos, el cielo y las nubes. Y, sobre todo, aquí me escucho yo y el yo que va conmigo (que me perdone D. Antonio por robarle algo tan hermoso)

Me sobrepongo a las incomodidades, al coche y los kilómetros, a la distancia que me separa de los míos. Por que sé que hay otras cosas que me compensan. No todos lo entienden, salvo los que me quieren...

Una noche que comparto ahora, una más.

Nubes

Nubes

Llevo varios días sin ver el sol. Y eso me deprime un poco. El otro poco lo pongo yo solita...

Los días soleados, quieras que no, me animan. El brillo de las cosas, el cielo azul, ¡vaya usted a saber qué!

Creo que no podría vivir mucho más al norte de donde estoy. Pero me bajaría al sur si pudiera. Y eso que el calor me mata...

No creo que sea bueno tanta contradicción.

La foto es de las playas de Malaga, yo, de negro, un puntito en la arena. Y el barquito recordándome que se puede viajar si sabemos dirigir la vela con el viento que tengamos.

Muerte

Muerte

 

            La fría luz blanca, directa e inmisericorde, descubría el dolor contenido en su rostro. Postrado en la cama, el hombre moría lentamente, silencioso y solitario. Llevaba varios días así y los médicos solo pudieron confirmar que se moría sin remedio.

            Su mujer y su hija habían dejado de velar su sueño. Nada podían hacer y nada hacían. Venían juntas por la tarde y miraban aquel saco de huesos, tan amado, con ternura, pero habían borrado ya de sus ojos la pena y el dolor. Durante largas conversaciones él las había aleccionado con su teoría sobre la muerte. Ahora se presentaba la ocasión de hacerle caso y lo hicieron.

“Es inevitable, -les decía- la vida se sustenta sobre la muerte. Sin ella ninguna de las dos existiría. Desde la célula, cuya única función es obtener energía para cumplir sus funciones vitales y luego degenerar y morir, hasta las estrellas, con su inmenso espacio de tiempo vital. Todo se mueve hacia la muerte. La muerte es la esencia de la vida. Y cuando uno de nosotros caiga enfermo y ya no haya soluciones médicas, no quiero lágrimas ni gritos. Nada de lamentaciones, nada de tremendismo. Yo no pienso hacerlo por vosotras y espero que vosotras seáis también fuertes y racionales ante mi final”

 

            El enfermo abrió los ojos lentamente. Un rumor imperceptible le había despertado de su sopor. Su mujer estaba a un lado de la cama pero su vista se dirigió al otro lado. Había allí una presencia que tardó unos minutos en enfocar. Era una mujer hermosa, espléndida en su juventud y llena de vida. Haciendo un esfuerzo se incorporó en el lecho y centró su mirada en aquellos ojos que le atraían a un cielo cuajado de estrellas. El cabello le caía en cascada ondulante sobre la espalda. Se acercó a la cama y el hombre sonrió levemente al descubrir que estaba desnuda, perfecta dentro de una suave y elástica piel dorada. Su mujer veía, asombrada, los movimientos que realizaba él, muecas extrañas, movimientos del cuerpo sobre la cama y se acercó, esperando que la mirase. Pero él tenía la mirada perdida en un punto indefinido de la habitación, al otro lado. La mujer desnuda se sentó en el borde y le tomó una mano. El hombre sintió un frío intenso que le traspasó el corazón. Entendió quien era, pero no se asustó. Entonces ella le habló:

- ¿Soy hermosa? - y con un gesto de coquetería movió sus cabellos.

- Eres hermosa. Te esperaba vieja y huesuda. ¿Por qué eres tan bella?

- Es fácil serlo para ti. Siempre me has querido.

- No, yo he amado la vida como el que más.

- Cierto -resupo la mujer, cuyos pechos apuntaban dulcemente hacia el hombre, perfectos, apetecibles a la caricia y el beso.

El hombre alzó la mano y su movimiento alertó a su mujer, que le tomó la otra mano, que reposaba sobre la sábana.

- ¿Qué quieres? ¿Te duele?

Pero su marido tenía la mano sobre el helado pecho de la muerte, que le sonreía pícaramente, al contacto con su piel.

- ¿Cómo eres tan hermosa? -repitió él, deslizando la mano hacia el vientre yermo y dejándola caer sobre el suave vello negro y rizado. Era un lugar cálido y eso le sorprendió.

- ¿Cómo? ¿Por qué no está frío aquí?

Y ella, apretando la mano contra su sexo, le dijo, sonriendo:

- Aquí está la vida. Cómo tú decías, en mi está la esencia de la vida.

- Pero eso eran conversaciones y casi nadie me creía. Todos piensan que la muerte es lo más horrible, ya lo sabes. Te temen, te odian, creo que yo también tengo algo de miedo.

- No, ni una sola vez descubrí miedo en ti. Eres el único, por eso te quiero. Ven...

Y el se levantó. Cubrió su cuerpo con carne y sangre nueva, sus ojos vieron, su corazón sintió, su alma comprendió todo lo que siempre había ansiado comprender y vivió.

 

El médico certificó su muerte y su mujer, que durante esos últimos minutos le había estado observando, pensó que había muerto feliz. Luego lloró, pese a su promesa.

La ilustración es un cuadro de Yoshiro Tachibana. Lo he encontrado por casualidad, como casi todo. Me gustas sus cuadros...

Perra vida

Perra vida

Aquí, Urko, ha "pillado" la lehismaniosis. Un mosquito asesino, tan pequeño él, le picó este verano. Y en la revisón que les hago a todos durante la campaña de prevención (¿por qué la llamarán prevención, si no hay vacuna contra esta enfermedad?) ha dado positivo. Y ya son dos. Roma lleva tratándose ya un año.

Y no hay manera de prevenirlo. Todos mis chuchos pueden tenerla. Y acabaré con una enfermería en lugar de una manada sana y feliz. Me queda el consuelo de haberlo "pillado" a tiempo, es decir, no ha desarrollado la enfermedad aún.

Tal y como está el mundo y yo preocupada por un mosquito. Lo dicho, no tengo solución. Pero quien tenga perros o bichos varios, me entenderá.

Por que lo malo de esta plaga, es que dependiendo del perro, se recuperará y tendrá una vida feliz, empastillada, pero feliz, o comenzará a decaer y decaer hasta que haya que sacrificarle. Yo espero que la dureza de Urko (los mestizos son de hierro) le permita darme esas miradas tiernas y tristes durante mucho tiempo. Pero esto es una lotería. No se sabe qué te ha caído, pero algo te ha tocado.

Primera nevada

Primera nevada

Ayer, sobre las 8 de la mañana, al abrir la puerta me encontré con unos copos enormes cayendo del cielo. Poco después se convirtieron en agua y al rato ya no quedaban restos de nieve. Aproveché para sacar un par de fotos. Esta es Farah, que salió a regañadientes del calorcito de la casa para hacer sus cosas. A Urko también le costó lo suyo entender que tenía que salir.

Me recordaban mis días de campista, cuando el frío de la madrugada soriana o pirenáica me hacían desear no tener vejiga para no salir de la tienda y atravesar el camping para ir a los baños comunes a esas horas en que no se han despertado ni los buhos.

Con todo, despejar la mente con el frío de la mañana, con el aire limpio y cortante del amanecer es reconfortante. Sobre todo si dentro el calor te vuelve a amodorrar y tienes la oportunidad de vaguear unas horitas por la casa...

El sr. Fu

El sr. Fu

No consigo saber por qué el Sr. Fu aceptó la propuesta de aquella mujer para irse con ella a Lisboa. El señor Fu tenía una vida tranquila, pacífica y bien estructurada. Su matrimonio era aburrido, pero llevadero. Su trabajo rutinario pero efectivo y sus hijos apenas le ocasionaban problemas, pues hacía años que casi no le hablaban. El Sr. Fu se dejó ir en los ojos de aquella desconocida como Ulises por el canto de las sirenas. Pero, al menos, el héroe sabía que debía oponerse a aquella melodía. El señor Fu no fue lo suficientemente astuto como para atarse con una obligación inventada en el último momento al mástil de la realidad. La mujer lo sedujo con su sueño de viaje y él, ingenuo, se dejó arrastrar durante kilómetros tras la senda de un imposible. Si el Sr, Fu hubiese pensado un poco en las consecuencias de sus actos jamás habría conducido durante interminables centímetros de mapa. No hubiese atravesado una frontera inexistente ni hubiese atrasado una hora su reloj. Ni siquiera hubiese tomado aquella habitación de hotel, después de cruzar el puente sobre el estuario. No, el Sr. Fu no era consciente de nada, salvo de la piel de la mujer sobre las sábanas blancas y limpias.
Recorrió esa geografía desconocida como el explorador que se enfrenta por primera vez a un terreno oculto en lo más profundo del mapa. El señor Fu sacó de su interior lo que había dormido durante siglos el sueño de los justos y despertó el animalillo de los deseos, agazapado durante tanos años de rutina y pereza obligada. Descubrió que era de nuevo un hombre completo. Ni siquiera se había dado cuenta de que ya no lo era hasta que la mirada oscura de la mujer le empujó hacia adelante. Se había olvidado de sus necesidades, había encerrado sus sueños tan profundamente que ya no recordaba dónde los había dejado. Pero allí, entre la piel de aquella mujer el señor Fu recuperó la vida por unas horas. Luego todo se esfumó, como un sueño que se deshace en las brumas del amanecer. El mar gris le recordó que debía volver al gris de su vida. Pensó que el tímido sol que se asomaba sobre el horizonte era sólo un reflejo lejano de la juventud. No había salto hacia delante sino un regreso triste hacia el presente. Y lo aceptó, como se acepta el destino que se desconoce pero que está ahí, a la vuelta de cada segundo que vivimos. El señor Fu volvió a conducir sobre la cinta gris que se deslizaba veloz bajo las ruedas. Conforme se acercaban a la ciudad las manos de la mujer le acariciaban lentamente, pero no decía nada. Ella simplemente esperaba. Pero el Sr. Fu no dijo nada, ¿qué podía decir?
Se perdieron al entrar en la ciudad, tal vez para demorar, inconscientemente, el momento en que ella tomara su coche y él regresara a sus obligaciones. Por un instante pensó en no hacerlo, pero justo en ese momento llegó al lugar donde habían dejado el coche aparcado. Cuando lo miró la realidad le llevó de nuevo a su hogar, a su trabajo y a su mujer. Se detuvo junto a él, apagó el motor y se bajó, para que ella cambiase de lugar. La besó suavemente en los labios, un beso fugaz, como las horas que había compartido con ella, y se metió de nuevo en su coche. El señor Fu arrancó y se perdió entre el mar de coches, que lo absorbió en sus aguas turbulentas y le alejó hacia el anonimato.
El señor Fu recuperó la compostura, pero, cuando menos se lo esperaba, una leve sonrisa asomaba a su labios. Nadie sabía por qué, pero a veces, el señor Fu se perdía en un gris, en una palabra determinada, en el olor del salitre y en alguna mirada fugaz mientras paseaba del brazo con su esposa por las calles de la gran ciudad.

Desaparecido

Desaparecido

Acabo de descubrir que me "ha desaparecido" un poeta. ¡Qué no lo encuentro!

Ha cerrado su playa, no sé cuándo ni cómo. Me doy cuenta de ello al entrar desde el habitat y encontrarme su blog sin el rumor del mar. 

Rafa, mi poeta favorito, el hombre moreno y enorme, seductor de cuerpo y alma, que pilotaba el viento y las velas de su pluma con un increible amor a las palabras y a la mujer, se me ha ido, no sé a dónde.

Espero que él no se haya olvidad de mí y, en algún momento se asome a mis cielos casi azules y me haga un guiño de gaviota...

¿Dónde estás, galleguito mío?

La imagen es un homenaje a tus playas. Él es Frodo, disfrutando de una playa abandonada cerquita de las tuyas, más o moenos: Comillas...

Contrastes

Contrastes

He andando muy ocupada, entre unas o otras. Esto de que me vuelva a gustar el trabajo tiene sus inconvenientes: empiezo a sacrificar cosas personales. Debo tener cuidado o no sabré bajar la barrera, como me sucedió hace tiempo y dejaré de saber dónde poner los límites.

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Repasando fotos de este final de verano he encontrado una pequeña  flor. Estaba en el límite provincial entre Segovia y Guadalajara. Una rareza en septiembre. Voy cada dos años al lugar donde lancé las cenizas de mi padre. Es un viaje sentimental que a veces hago sóla y otras veces con compañía, depende de mi estado de ánimo.

Allí, frente a la llanada castellana, sobre la colina llena de pinos y robles, permito que los recuerdos me invadan o dejo, simplemente, que se diluyan los pensamientos en el horizonte.

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Ahora que el frío me va diciendo que las madrugadas son heladoras y las tardes de paseo temprano, debo pararme un poco y serenarme. Estos días, ademas de ajetreados, se me han ido en un suspiro y no quiero ver como corre el tiempo y se me escapa entre los dedos de la vida. Y quiero seguir admirándome con la belleza de una flor apoyada sobre una piedra.

 

Y fin

Y fin

He terminado "Donde el corazón te lleve"

La chimenea encendida, los perros dormitando  junto a mí y un silencio apabullante. Así es como he terminado de leer el libro. Y no me ha quedado otro remedio que asombrarme. Conforme avanzaba en la lectura me iba asustando más y más. ¡Cuantas cosas en común tengo con la protagonista...! No es retórica, es pura realidad.  Hay pasajes que podría haber escrito yo (de hecho los he escritos y andan guardando polvo por los armarios, en cuadernos cuadriculados)

Si digo que me he visto reflejada no exagero. Algunas de las ideas expuestas son mis ideas y algunos de los acontencimientos los he vivido. Al final he devorado las páginas, pensando que podría leer mi futuro. Era una estupidez, pero por un momento he sentido que su final podría ser el mío. Gracias a Sussana no hay final, solo un consejo: "levántate y ve donde el corazón te lleve".

Mi corazón me trajo aquí, a la casa que habito y la cama donde yago. Y nada de lo que he hecho, por pequeño que sea el gesto o la decisión, ha dejado de tener sentido. 

A veces la vida imita a la literatura... ¿O era al revés?

El cementerio

El cementerio

Hace mucho tiempo, un viajero paró en un pequeño pueblo de un país centroeuropeo. Paseando por sus calles preguntó a varias personas por algún lugar curioso o hermoso que pudiera visitarse en la zona. Todas le contestaron que no dejara de ir al cementerio. El viajero se quedó un tanto asombrado, pero antes de retomar su camino, se acercó al camposanto, un poco alejado de la población. Cuando entró se sintió decepcionado. Era un cementerio como cualquier otro, lleno de lápidas y flores. Pero caminando por sus estrechos paseos comenzó a fijarse en las lápidas y las fechas que había escritas en ellas. Cuanto más miraba, más se asombraba. En una ponía: 8 años , tres meses y un día. En otra  cinco años, diez meses y seis días. Más allá las lápidas mostraban edades pequeñas, algunas incluso anotaban las horas y los minutos de vida del difunto.

Asombrado, fue a buscar al sepulturero, que lo había estado observando desde que entró en el cementerio.

-Perdóne -le preguntó- ¿Cómo es que en este pueblo muere la gente tan joven? Casi todos parecen niños. ¿Acaso entierran a los adultos en otro lugar?

-No -le respondío con una sonrisa el encargado -Los números que usted ha leído no son los años de vida, sino el tiempo  de felicidad que ha vivido el difunto. 

Ante la cara de estupor del viajero, el sepulturero le explico que en aquel pueblo todo el mundo tenía por costumbre anotar en un cuaderno los momentos felices que había vivido en su vida, contando cuidadosamente minutos, horas, dias... Al final de su vida se contabilizaba todo ese tiempo y se escribía en su lápida. Así, las personas eran recordadas por su  capacidad de ser felices.

-Entonces, ¿las lápidas en las que apenas ponen algún día o alguna hora son de gente que ha sido desgraciada toda su vida?

-¡Oh, no! Esas son las de los niños. A ellos, desde que nacen, sus padres les abren el cuaderno y les van apuntando los momentos felices hasta que ellos mismos son capaces de hacerlo. Por eso algunas cifras son tan pequeñas.

 

Este cuento me lo contaron un día en que yo estaba muy triste.  Y la imágen de contabilizar la felicidad en tiempo real me hizo sonreir. Nunca agradeceré suficientemente este cuento a quién me lo contó.

Mente

Mente

He tropezado, de nuevo, con la enfermedad mental. Me da igual la etiqueta que esta vez tenga.

Veo pasear a la mujer con pasitos cortos, temblorosos. Las manos casi cerradas, en un arco agrrotado.

Y recuerdo, cambiando el rostro, la misma expresión de estupor en  mi familiar. La medicación los aisla de su propia vida para facilitarsela.  O tal vez para que nosotros podamos manejarles mejor. Cierto es que no pueden prescindir de ella, que no pueden bajar la guardia o el monstruo les dominará. Pero es tan triste verles así...    

Susanna

Susanna

He comenzado a leer "Donde el corazón te lleve". Y me ha entrado una envidia terrible. ¡Cómo me gustaría haber escrito así! Era uno de mis libros pendientes, que por fin ha caído en mis manos. Y lo estoy saboreando. El contenido, el estilo, la fluidez... en fin, deben ser los años, pues ya me identifico más con una abuela que con una mujer adulta. Y como creo que nunca he dejado de ser un poco infantiloide, acercarme a la vejez es como acercarme a los orígenes. Círculos que se cierran, eso es la vida.

 

 

Paseo

Paseo

He pasado el día en la ciudad. A media mañana la he atravesado por su eje más pequeño. Es una ciudad alargada,como la sombra de un álamo en verano. Imaginaos un río y en su orilla un gran árbol. Ese álamo comienza a crecer al atardecer, escalando su sombra la colina que hay justo detras de él. Asi es la pequeña ciudad, un ascenso del río a la ladera de la siguiente colina. Ahora ha crecido mucho, estirándose a lo ancho, por los recovecos que le dejan los barrancos y la Nacional II. Pero sigue siendo una pequeña ciudad.

La lluvia, casi torrencial en algunos momentos, ha limpiado las fachadas, las calles y hasta a los habitantes. Como estaba sin coche, he tendio que soportar a los coches, mal educados, insolentes, pegados unos a otros en su afán de llegar antes a ningún lado.  Cuando llueve los coches salen todos a pasear, es inevitable...

Cruzando uno de esos pequeños barrancos, con infulas de calle, pero barranco al fin y al cabo, he mirado a una de las casas "pobres" que hay en uno de sus lados. Una mujer mayor estaba sentada junto al ventanal, cosiendo. La imágen ha sido tan bella, que me he parado unos instantes para saborearla.

El aire limpio, húmedo, la luz gris, una chumbera y algunas adelfas decorando el jardincillo que rodea la acera y los bloques "pobres". Y la mujer, como en un cuadro, puntada a puntada...

Hay momentos para recordar. Que no significan nada, pero que son únicos.

 

Jardín 2

Jardín 2

EL JARDÍN 2

Como dijo el poeta:

"tengo de mi mano

plantado un huerto"...

Yo solo poseo

sin ser siquiera mío ,

un jardín que bordea

el extenso trigal,

la retama, el olivar,

el horizonte y el río.

Un jardín que paseo

con los pies cuando puedo

y con el alma en un recuerdo

siempre que estoy lejos.

Paraíso perdido

de susurros y besos,

de palabras invisibles

que acunan el silencio.

Tengo un jardín que no es mío,

sin puertas ni muros externos,

un gran jardín,

mi mundo, tus sueños.

 

Derechos de autor.

Derechos de autor.

Bueno, después de muchos días sin posibilidades técnicas y temporales, entro a saludaros y a dejar constancia de que mi amigo me ha pedido una rectificación de autoría. No es suyo el texto, sino de un "elemento" muy curioso, del que os paso el enlace:  http://www.jmdoria.com/regalos_universo/regalos.htm 

Me gustó la frase que me tocó ese día. A veces las casualidades funcionan. El azar, que digo yo.

 

Invitado de lujo

Invitado de lujo

Me gusta mi amigo "ciber".  Él me disculpa que le cambie el nombre. Sabe que lo hago con afecto y por pura comodidad.

Y he rescatado el comentario de la entrada anterior para ponerlo en primera plana, con su permiso (implícito)

Hay que reconocer que escribe bien de economía y como yo lo hago fatal, os presento su opinión.

 

 

Autor: psilocyber

Es imposible solucionar los problemas económicos con dinero. Los problemas económicos se resuelven con imaginación.
La escasez de recursos no se resuelve con la llegada de un préstamo bancario o con la buena voluntad de alguien que hace de papá y “riega”, ya que, en general, dichas acciones no hacen sino tapar agujeros, más o menos previstos, y detienen la llegada de medidas para resolver la escasez.

Todo proyecto de creación de riqueza supone un proceso de imaginación y trabajo tan creativo como lo pudo ser aquél que, en su día, hiciera el primitivo Neanderthal al ingeniarse un arco y unas flechas para conseguir sobrevivir. Tal vez, la caza fuera escasa y los animales cada vez más rápidos y avispados. Sin embargo, no por ello la vida humana dejaba de empujar hacia delante, instando a resolver cada nueva situación. Si en aquel histórico momento el “maná” hubiese caído del cielo, flaco favor nos habría hecho el “dios de turno” a los descendientes del sorprendido cazador. Tal vez, el verdadero milagro esté en la inspiradora llegada de ideas y motivaciones que con nuestro posterior trabajo y elaboración, aporten la prosperidad y el bienestar que merecen nuestras vidas.

Se trata de la imaginación creadora, una capacidad que rompiendo los viejos límites y saltando hacia un adelante, a veces, tan nuevo como audaz, supone uno de los grandes alicientes de la mente humana. Esta capacidad de superación se pone en evidencia con la cíclica llegada de las crisis económicas que a pesar de su amenazante aspecto, hacen aflorar insospechadas potencialidades en quienes las enfrentan. Se trata de ciclos económicos de cambio y optimización que no sólo impulsan a resolver la incertidumbre, sino que, además, ensanchan horizontes y crean las bases de la futura prosperidad.

Tarde o temprano, todo ser humano en crecimiento supera el dependiente parasitismo de alguien que lo “protege”. Llega un momento en el que el sujeto auto-consciente, finalmente, comienza a aportar a la sociedad la verdadera música que lleva dentro. Tras las primeras notas de melodía verdadera, la Vida le devuelve multiplicada toda la energía puesta en juego y le proporciona aquellas oportunidades que su supervivencia y desarrollo evolutivo precisan. Son instantes especiales en los que se percibe la llegada de algo parecido a un milagro. Momentos en los que se siente que todo encaja fluyendo por sí solo, sin casi intervención ni esfuerzo.

Cuando el móvil de imaginar está fuertemente anclado al deseo de servir a su propósito esencial, se ponen en marcha energías transpersonales que pueden brotar hasta del propio futuro. ¿Quién negaría una sonrisa de gratitud al inventor de la rueda, del teléfono o de la penicilina?, ¿y si dicho creador dispuso para su “creación”de una energía enviada inconscientemente desde el futuro por las mentes de los beneficiados venideros? Tal vez lo único que pueda afirmarse es que todo ser humano que se plantea crear soluciones está invocando una energía disponible en el Universo. Energía en forma de ideas y motivos que, en realidad, suponen el verdadero maná al que la persona madura aspira desde su plena independencia. Una Gracia espiritual capaz de resolver paulatinamente los tres problemas que todavía enfrenta la actual humanidad: la ignorancia, la enfermedad y el hambre. Tres amenazas que no se resuelven con la aportación del Banco Mundial o la llegada de avatares salvadores, sino con conocimiento, imaginación y generosidad. El dinero es una energía de capacidad cuyas leyes de llegada a nuestra vida, no siempre tienen que ver con la lógica mecanicista. Es por ello que su virtual poder reside más en los planos mentales que en el Banco de la esquina.

Crisis y otras hierbas

Crisis y otras hierbas

Hoy mi banquero favorito, de enormes ojos azules y amigo de infancia de mi hijo, me ha dicho que hasta dentro de seis meses no terminaremos de caer en el pozo. Que para entonces todos los posibles parados estarán ya parados y que a partir de ahí la pescadilla seguirá comiendose la cola, cada vez con más hambre, hasta que llegue a las agallas. Y entonces ya veremos que pasa (la figura retorica es mía, que el muchacho entiende de números, no de literatura)

Además me ha dicho que los ricos en estas épocas se forran más aún, preparándose para cuando vengan las vacas gordas. ¡Terrible paradoja! Ahora que las cosas bajan sólo los ricos las pueden comprar... Los demás, nosotros los curritos de a pie, no podemos comprar ni gasolina para el coche.

Mi banquero de ojos azules me comenta que la zona en la que trabaja está llena de urbanizaciones con gente que ha emigrado de la capital para gastar menos. Pero que si a uno de los miembros de la pareja le falla el trabajo, las pasan canutas para pagar la hipoteca y que el banco se las ingenia para seguir cobrando... a fin de cuentas no les interesa tener pisos vacios. Luego tendría que ponerlos a la venta, pero como no conceden tantas hipotecas como anters, se los tendrían que comer con patatas o venderlos a precios inferiores (de nuevo la pescadilla...)

Me he quedado muy tranquila con sus explicaciones: si me suben la hipoteca, me aprieto el citurón (yo, que ando engordando por la menopausia lo voy a tener difícil) me privo de mis unicos vicios, a saber, los libros, los perros y los hombres de mala vida (esos los deje hace tiempo, no me eran retables...)

Como no quiero prescindir de perros y libros, me queda lo de no pagar la luz, pero tampoco es el caso, que llega el invierno y la tele no funciona a velas, ni internet a pedales (aunque su velocidad me diga lo contrario) o dejar de comer. Tal vez así adelgace un poco, pero mi salud se resentiría, lo que no es plan, pues tengo que seguir trabajando para pagar la hipoteca y la comida a mis hijos tontos (mis perros) y a mis hijos del alma cuando les llegue el momento de volver a casita con mamá por que no puedan pagar el alquiler del piso.

En fin, que mi "ojitos azules" me ha dejado para el arrastre hasta el verano que viene. Y a mis hijos en el paro dentro de poco y todos comiendo tronchos de milonchos, que son nutritivos y salen gratis si los buscas tú misma en las Conchimbambas... ¿Alguien tiene un mapa de la zona?