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Dálmata

Dálmata

Hace quince días que nacieron. Me llamaron a las tres de la madrugada.

- Que ya ha empezado, ¿qué hacemos?

Me levanté, cogí el coche y me acerqué a la casa. Les había prometido ayuda. Eran primerizos y estaban asustados.

Llegué una hora antes de que la perra pariese su primer cachorro. Una bolita blanca dentro de una bolsa viscosa que salió disparada.  Luego, hasta las ocho de la mañana, el desfile continuó. Ocho cachorritos, de los cuales uno nació muerto. Ella se quedó asombrada de que le dijese, nada más ver como salía, que ése estaba muerto. Fue sencillo. La cara, la boca... Intenté reanimarle, pero sabía que no se podía hacer nada.

La perra, primeriza, se portó fenomenal. Me aceptó como matrona sin apenas conocerme. Y eso no es muy normal. Suelen ser reacias a que haya extraños en esos momentos.

Y es una sensación increible acercar la cabecita al pezón de la madre y ver como se abre ese agujerito rosa y se cierra sobre él, ansioso, para comenzar a vivir.

Nadie les ha enseñado, ni a la madre ni a los hijos, pero la vida se abre paso así, instintiva, fuerte...

Es mi tercer parto perruno. Y sigue gustándome. De momento la cosa no ha tenido sobresaltos. Los perros grandes o medianos suelen parir bastante bien. Los de razas pequeñas tienen más problemas y las cesáreas son más frecuentes.

Luego viene el problema de "colocar" a los cachorros. Pero esa será otra historia.

 

Forúnculo primaveral

Forúnculo primaveral

Salen el viernes después de comer. Vuelan por la carretera para llegar antes. Los niños, la comida, la bebida y alguna planta...

Llegan a la parcela y todos conocen su papel: las madres a limpiar y preparar la cena, los padres a plantar, podar y beber cerveza. Los hijos a poner a punto las motos y los quars. Y en pocos minutos lo tienen todo listo para pasar un buen fin de semana.  

La madre despotricando y de mal humor por todo el trabajo que tiene que hacer, se va a ver a la vecina, su alter ego, para charlar de las novedades habituales. El padre poniendo a punto la moto del hijo y ocupado en reparar los pequeñso desperfectos, reales o imaginarios, que ha descubierto en la casa o el jardín, entre redioses y cervezas. Y los hijos... ¡ay!, los hijos.  Salen a la calle con sus motorizados vehículos, atronando al vecindario. Arriba y abajo con los tubos de escape a todo gas. Pero ¿no habíamos quedado en que la gasolina está por las nubes?

Debe ser que para ellos no. Se tiran horas subiendo y bajando por la carretera, como en un circuito. De vez en cuando se escucha a una madre preocupada por la integridad de su retoño:

- Josuhaaaaaa! ¡Despacio, que te vas a tragar algún cocheeee!

Los más privilegiados llevan casco y pantalones moteros, en toda regla. Los menos pudientes, es decir, la mayoría de ellos, van sin casco, en chanclas y con la risa puesta como seguro contra accidentes.

Sólo cuando cae la noche, a eso de las diez, se retiran los aguerridos pilotos a sus boxers, para reponer fuerzas.

El sábado y el domingo las cosas continúan igual: Antes de comer, después de comer y hasta que cae la luz, los pequeños "pedrosa" queman litros de gasolina mientras las madres se desgañitan para llamarlos a comer y los padres bufan como bueyes cansados de tanto  tirar de las cuerdas que arrancan herramientas varias.

Agotada la gasolina, las cervezas y las conversaciones, el domingo por la tarde, presurosos, recogen sus bártulos, cierran el agua, las cancelas y se suben a los coches.  Se disponen a pasar dos o tres horas en una larga caravana que les llevará a su pequeños pisos en la ciudad. Y van pensando en que el próximo fin de semana tienen que acabar de arregal los grifos, hablar con Maripuri de su nueva peluquera y hacer las 24 horas le Leman con los ojos cerrados. ¡Por ilusionarse que no sea!

Entonces, cuando se van todos,  es cuando se aprecia, en toda su belleza, la soledad del campo. Menos mal que hasta el próximo fin de semana me quedan cinco días de paz y trino de pájaros...

Soy muy mala, lo reconzco. ¡Con lo bien que se vive en la ciudad los fines de semana! Yo que ellos, me quedaría allí y vendría entre semana. ¡Que gozada...! 

 

Cansada

Cansada

Son las cinco en Canarias... Las noticias desgranan asesinatos varios.  Las estadísticas hacen bailan los números fríos.

De verdad que estoy cansada de los números rojos (los de la bolsa). Y de los míos propios.

Estoy cansada de escuchar pequeños dramas en mi entorno.

Estoy cansada de tanto pan y fútbol. Del aumento del paro y los sueldazos de algunos.

Estoy cansada de ver como tres de mis alumnitas vienen sin almuerzo por que su madre no tiene dinero... pero no les falta para tabaco y cervezas...

Estoy cansada de ver y oir y de no poder hacer nada...

Estoy cansada de que el mundo nos lo presenten como un Barrio Sesamo alternativo.

Estoy cansada de los robos que están arreciando por la zona. De los destrozos innecesarios que deján los ladrones.

Estoy cansada de que me digan que tenga cuidado, tan sola...

Y, aunque estoy  muy cansada, doy una caricia, sonrío, ironizo, me río, compro un bollito para alguien de vez en cuando.

Y, como medio país, creo que la lotería podría tocar a más de uno de los que están a mi alrededor... O a mí misma, ¿por qué no?

Por que lo del reparto de la riqueza es una tontería, ¿no?

Regalo

Regalo

Para Koldo y Ximino

Iberis

Iberis

Están humildemente ancladas en el suelo. Sin flores no son nadie, simples hierbajos del campo. Pero en estos días de lluvias y calor las he vuelto a ver. No sé su nombre científico pero me encanta el común: "iberis"

Las veo al borde de la carretera, desparramándose en su blancura.  Estos días el campo está luciendo su mejro rostro. El de la belleza del color. Blancos, rojos, morados, azules, amarillos... Si hace unos días era el verde en sus matices ahora son las flores quienes ponen vida a la vista.

El espino albar también está reventando en blancos.

Habrá cosas muy serias en las que pensar, problemas que solucionar y astenias que superar. Pero una mirada pausada a la tierra me ofrece unos minutos de sosiego.  Una visión de la belleza efímera, que se repetirá el año que viene, pero que ahora me ofrece un lienzo impresionista cargado de vida y esperanza.

Locura transitoria

Locura transitoria

Me gusta la libertad. Empezando por ahí. Pero también la responsabilidad que conlleva.

Me gusta que las mujeres puedan decidir sobre la maternidad (yo ya no estoy en edad de merecer, por eso no me incluyo...)

Me gusta el sexo y sus alrededores (para eso aún estoy...)

Pero no me ha gustado lo de los 16 años como límite para no necesitar la autorización paterna o materna...

Me explico. Más que autorización, sería INFORMACIÓN, lo que se les debiera dar a los padres de las adolescentes que, por "hache o por be" tuviesen que recurrir a un aborto. 

El aborto provocado tiene un periodo de recuperación minimo de 15 días. Y una medicación que seguir y unos cuidados que dar.

Y eso es una pesada, pesadísima carga para una chica de 16 años, que andará asustada por lo que le ha pasado y con miedo a sus padres...

¿Cómo ocultará el pos-aborto?

Al menos, si la familia lo sabe, le podrá dar el apoyo que necesita, digo yo...

Sinceramente creo que una muchachita en esa situación debe estar arropada por su familia.  Debe poder tomar la decisión más adecuada, pero también debe apoyarse en los que la quieren.

Es muy fácil hablar desde fuera, pero desde dentro estas cosas son muy duras...

Y una buena formación no estaría de más... Pero a veces los jóvenes no escuchan, por que se las saben todas y nosotros, los "viejos" no nos enteramos de nada. Y del "yo controlo" pasamos al quirófano...

Y los políticos por medio... arrimando el ascua a su sardina.

Lo dicho, la libertad se debe tomar con el antídoto de la responsabilidad. Pero todos, ¿eh?

Parece ser que andan los políticos un poco locos. Con una locura transitoria que puede acabar con la poca prudencia que deberían tener.

No digo nada sobre la moral, sino sobre la medicina, que algo ha dicho ya sobre el tema.

A lo largo de los años me he tropezado con médicos de distintos pensamientos y posturas al respecto. Incluso "sufrí" uno , hace muchos años, que me dejó con el dolor de un DIU desplazado, por que su religión y su moral le impedía atenderme.  ¡Eso es ética médica!

Menos mal que encontré enseguida otro que inmediatamente me lo quitó...

Lo digo para demostrar que no todos son iguales, pero que el sentido común debería ser parte de las enseñanzas que recibimos desde pequeños.

Pues eso, que a ver en qué queda, que se está jugando con un problema muy serio y muy doloroso.

 

 

 

Miyazaki

Miyazaki

Esta tarde, justo cuando ibamos a pasear Farah, Urko y yo, la voluble primevera nos ha recibido a la puerta del jardín con un chaparrón tremendo que nos ha hecho regresar corriendo a casa. Y como el cielo no anunciaba nada mejor que lluvia y viento, me he encerrado en casa.

Mi hijo me había presentado a Miyazaki, el cineasta japones, del que yo no tenía ni idea. Me ha estado comprando sus películas y contando parte de sus descubrimenots sobre él. He quedado prendada de su obra.

La verdad es que conocemos tan poco de la cultura oriental, que me siento una verdadera analfabeta. Por suerte mi chico tiene todas las inquietudes del mundo y además la inteligencia de dejarse aconsejar en su búsqueda. Ahora está retomando el mundo del comic, en su versión más seria, más culta, si se me permite decir. Y me trae ejemplares de auténticas obras de arte, minoritarias, como suele suceder. Me pide que las lea, me asegura que me gustarán. Y, normalmente, acierta.

El mundo del arte, en todas sus facetas, es tan amplio que no hay vida suficiente para poder explorarlo. Pero esas islas en las que recalamos, que nos hablan de una parte infíma del continente, son tan maravillosas, que me animan a seguir navegando por estos mares llenos de imágenes, palabras, sonídos...

Y como ha llovido, he puesto una de las películas que me faltaban por ver de las varias que tengo: Kiki, la brujita debutante en una ciudad costera. Una historia sencilla, hermosa, cargada de esperanzas.

Miyazaki me ha sorprendido por el conocimiento que tiene de la cultura europea. Hace unos días vi Porco Rosso, que me pareció una película excepcional. Más aún que el viaje de Chihiro y ya es decir.

Y así se me ha pasado la tarde...   Viendo como una brujita se inicia en la vida adulta acompañada de un gato parlanchín. Me resulta sorprendente como se mezcla la realidad con la fantasía de una forma tan sutíl que nada chirría en ese encuentro. Tiene un aíre al realísmo mágico latinoamericano, pero nada que ver con él. Me resulta difícil definirlo. Es mejor verlo.

Y con el aíre limpio de la noche y la luz tamizada de la luna casi llena, llego a la noche, una noche más.  

 

Madre

Madre

Tengo a mis hijos desperdigados por la geografía del mapa. Uno en Zaragoza, otra en  Robledo de Chavela y la otra aquí, cerca de mí. Habíamos planeado comer , al menos las niñas y yo, hoy, pero la muerte del abuelo de un yerno nos ha cambiado los planes de una hora para otra.

Cuando los hijos se emparejan ya no dependen de sus deseos hacia ti, sino de los compromisos que adquieren respecto a los otros. Y es comprensible. La flexibilidad hace que las cosas funcionen.

Madre no hay más que una, dicen. Pero a veces el destino te juega malas pasadas. Es un mito eso de que todas las madres son buenas. Las hay con muy poco instinto maternal, ¡que le vamos a hacer! La mía es un ejemplo de ello. En compensación yo me paso de maternal... Y los extremos no suelen ser buenos, lo sé.

Fromm, en su "arte de amar", explica de forma sencilla y certera, los distintos tipos de amor, con sus ventajas e inconvenientes. Y al amor maternal lo clasifica de "incondicional" El amor que no espera recompensa.

Así es como amo yo a mis hijos. Con sinceridad, no espero nada de ellos. No les he inculcado obligaciones hacia mí. Si me quieren, que sea por que se lo pide el corazón. Nada de lazos de sangre o obligación paterno-filial. Nada de compromisos ficticios... Tal vez por eso, cuando me dan algo (inmaterial, preferiblemente) me siento recompensada.

A la contra, ella esperaba todo de mí, la rendición total. Y como no lo ha conseguido su decepción es total. Son dos formas contrapuestas de vivir la maternidad. No juzgo ninguna de las dos. Simplemente las vivo. La una como una pesada carga, la otra como un encuentro feliz con la vida. De nuevo la ley de la compensación universal...

Doy importancia al valor de los gestos y a la buena educación. Si en eso no me he equivocado educando a mis hijos (el tiempo lo dirá) mi labor estará bien realizada.

Hoy comeré con la que queda "libre". Ayer me abrazó con ternura al regalarme un ramo de flores. ¿Qué más quiero?

 

Romero

Romero

Esta tarde he ido por la ladera del monte, paseando con Urko, Menta y Farah. Su instinto les hace buscar los mejores caminos en un terreno que no los tiene. Alguna trocha marcada, pero que se pierde en pequeños regueros de agua o en bifurcaciones hechas por los desniveles del terreno.

Es monte bajo, con encinas, romero, tomillos y poco más. Algún que otro pino, que aumentan la densidad conforme subimos al monte. El suelo está lleno de hojarasca, de agujas de pino y de yeso, caliza y arcilla.

Hay mucha vegetación seca, que como todos los veranos, es causa de un cierto miedo a los incendios. Pero no se hace nada. Debe ser terreno comunal, pero como no es economicamente productivo, nadie se molesta en limpiarlo. Luego vendrán los ayes y las lamentaciones si pasa algo.

El agua hace su trabajo en las barranqueras y desintegra piedras enormes en un polvillo blanco y gris.  Es un suelo pobre, erosionado en formas caprichosas, pero a pequeña escala.

Desde la primavera pasada no habíamos vuelto a esos lugares, tan humildes como hermosos. Cuando regreso a casa y quito los collares a los perros, su pelaje huele a romero. Se traen ese olor tan suave del campo. Y yo me traigo las imágenes de las encinas a contraluz.

EL FIDEO

EL FIDEO

 

Hace tiempo que un fideo

atormenta mis comidas.

Es un fideo normal,

ni largo ni corto,

ni ancho ni estrecho,

tiene la justa medida

de un fideo vulgar.

 

Este fideo tiene

una manía especial:

no se deja comer,

se las apaña para escapar

a su instante final.

 

Sentada frente a mi sopa

apuro el plato golosa

y entonces, el muy traidor,

aparece de sopetón.

 

Ahí está, risueño y burlón,

ni gordo ni flaco,

ni corto ni largo.

Dispongo la cuchara,

preparo el paladar...

el muy astuto me mira

y desaparece sin más.

 

Miro y remiro;

el traidor escapó,

pero estoy segura, ¡lo sé!,

que en la próxima sopa

volverá a aparecer.                                                                 

 

¿Cómo atrapar

este fideo tan informal

que se burla sin piedad

de este pobre mortal?

¿Dónde se esconde

cuando en mi plato no está?

 

Seguro que un día,

cuando me canse de la sopa

y su visitante descortés,

me gritará que quiere volver...

 

Será ya tarde,

pues una patata frita,

dorada, sabrosa y crujiente,

aparecerá junto a mi filete

y no se dejará pinchar...

 

Sí, ya sé, lo publiqué hace ya más de dos años, pero me gusta...

Pasito a paso

Pasito a paso

Y así, como quien no quiere la cosa nos metemos en mayo.

Ando vaga en esta primavera. Lo de los cambios de temperatura tan bruscos me tiene sin vivir en mí. La verdad es que ésta es una primavera al viejo estilo, como debe ser. Variable, indefinida.

Me ha mandado mi peque una foto de Paris, una preciosidad que voy a intentar colgar. El Sena y sus reflejos naranjas.

Estos días el señor Roucco Varela ha hablado. Y me ha dejado sin palabras. Y mira que no me considero religiosa. Pero hay cosas que aún me hacen subir la tensión. Entendí que lo único inamovible eran las normas de la santa madre iglesía, que no cambian con el paso del tiempo y de los avatares políticos. Por él deberíamos doblegarnos a las propuestas más integristas de la religión católica. La verdad es que el buen hombre tiene unas ideas de casquero. Pero bueno, parece ser que ya no se oye nada de esas ideas medievalistas...

Me sigue sorprendiendo la velocidad con la que olvidamos las cosas, cuando la información es un tren expreso lanzado a toda velocidad camino del mañana. Nada permanece, cada día una "novedad", sin tiempo para nada y sabiendo de "todo".

Escucho la radio y me da la sensación de que hasta los locutores (periodistas, más bien) hablan cada vez más deprisa.  Hay que apurar el tiempo, decir mucho en pocos minutos, pasar a la siguiente noticia, hacer espectacular lo insignificante. Y sin variedad, por supuesto. Todos dicen lo mismo...  

Bueno, pues eso, que dentro de poco será mayo y ya he quitado una primera tanda de hierbajos...

Ah, mis chuchos están cada día más guapos y seguimos en crisis...

El arte de ensayar

El arte de ensayar

Esta vez no puedo hablar bien de Savater. Su último libro, creo, es una recopilación de prólogos sobre una colección de libros de distintos filósofos, "El arte de ensayar". Esperaba algo más, pero me he quedado decepcionada.  El librito es una estafa, que queréis que os diga. Ganas de vender por vender... No he leído su última novela, la del premio Planeta. Me pasa lo mismo que con Javier Marías, que leo sus artículos, pero no sus novelas.  No les considero escritores sino filósofos, ensayístas. Son buenos en lo suya, pero al igual que Savater comenta que pocos escritores son buenos ensayístas y que pocos filósofos alcanzan el nivel literario en sus escritos, yo comento que a él le ha pasado justo eso. Y me acuerdo del viejo refrán: "Zapatero, a tus zapatos"

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Estos días tan variables están haciendo milagros en el campo. Parece que se han acabado las heladas matinales. Y las lluvias engordan la tierra y los hierbajos. Tengo que comprar ya la gasolina para la desbrozadora... Las garrapatas apareceran si no desinsecto las perreras y el huerto está esperando la siembra. Estos trabajos de campo me recuerdan los frescos medievales del claustro de la catedral de León. Concretamente su calendario agrícola. (Si mal no recuerdo)

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Los matices del verde son infinitos, como el blanco de la nieve en la Antártida. Viajar pos las carreteras secundarias en estos días es todo un festín para la vista. 

Tópico de semana santa

Tópico de semana santa

Lo que es la vida. Hace unos años sabíamos que en viernes santo no había periódicos ni pan, como el uno de enero. Esta mañana, que mire usted por donde, me he despertado en Zaragoza, en el segundo paseo que ha dado con Frodo, he descubierto dos panaderías y una charcutería abierta en la galería comercial. Y la prensa disponible en la papelería...

Paseando por el puente de Santiago nos hemos cruzado con varios nazarenos, penitentes, hermanos y capuchones... Tienen tantos nombres como cofradías hay. Esta es la ciudad donde los ensayos comienzan por febrero, a orillas del río, al otro lado del Pilar. Los tambores, desde el más pequeño al más grande, retumban frente a las aguas siempre marrones o verdes del Ebro.

La lluvia nos ha calado durante casi toda la mañana. Frodo no está acostumbrado a estar encerrado en una casa tan pequeña. Decíamos que o bien el piso es pequeño o el perro demasiado grande. Pueden ser las dos cosas juntas. Desde luego si viviesemos en un espacio tan reducido, sería un martirio para él y para mí. Pero aquí estamos sólo de paso, por dos noches.

No me gusta está ciudad, como casi ninguna. Pero ésta en especial. Su clima me aterra, no soporto su humedad fría y ventosa y su calor húmedo y axfisiante. El cierzo me trastoca, como buen viento local.

Le reconozco su belleza, su historia, los paseos calmos por el centro cuando el aire es aire y no ventolera feroz. Se come bien y se tapea mejor. Y hay un bar de copas dedicado a Van Gogh, que descubrí hace años y al que vuelvo cada vez que vengo por estos pagos, siempre con el miedo de que ya lo hayan cerrado.

El mal tiempo nos tiene encerrados en la casa. Menos mal que mañana por la tarde estaré en mi jardín...

Este viaje ha sido una pequeña obligación, un favor realizado con mucho amor. Pero... mi jardín es mi paraíso. Y el retorno será alegre.

Voy a intentar colgar una foto, pero llevo dos entradas sin conseguirlo. A lo mejor tengo que emigrar a otro sitio para conseguirlo...

Vamos allá...

 

55

Así, por separado son el mismo número. Pero si los juntamos forman el cincuenta y cinco. Que es lo que me ha caído. Es un número que me gusta, como me gustó cuando llegué a los cincuenta.

No he hecho un ejercicio de memoria, pero me he levantado con un cierto ánimo. El de quien tiene un año más oficialmente.

Reconozco que no soy un dechado de virtudes ni ando cantando jotas por las esquinas. Ultimamente mi humor no es todo lo animoso que me gustaría. No me río todo lo que quisiera. La risa es algo tan hermoso y agradable... La echo de menos muy a menudo. Por eso agradezco tanto cuando alguien o algo me hace sonreir. Al menos una sonrisa es la antesala de ese estado divino que es la risa.

Me amargan un par de problemas que en realidad no sé como solucionar. Y que sé que van a durar. No es que no intente solucionarlos, es que no puedo hacerlo, pues no depe de mí la solución. Pero me afectan profundamente y no sé como manejarlos.  Intento no obsesionarme con ellos, pero ya hay quien se ocupa de hacerlo.

Así que cuando aparecen por el horizonte miro a mis perros, hundo mi cara en el grueso y peludo cuello de Frodo y le hablo con ternura.  Me abrazo a ese enorme saco de huesos y pelo, miro sus ojos marrones y límpios y por unos momentos descargo la amargura de mis hombros.

Por lo demás me han regalado un cuadro precioso y un libro con las mil mejores poesías de la lengua española. ¿Qué más quiero? Tengo el amor de mis hijos, la amistad de algún que otro amigo y la ayuda inestimable de mi ex, que pese a no haber cambiado nada en absoluto, me entiende en esos momentos... Curioso, ¿verdad?

El sol sale tímidamente y tendrémos un día despejado. Hoy va a ser un buen día. Al menos pondré todo mi interés en que sea así. Y el brillo del sol me hará ver las cosas un poco más claras.

Un año más... (no digo un año menos en esta cuenta atrás que es la vida) Un año más para atesorar recuerdos, para lo que tengo que vivirlo de forma que merezca la pena.

¡A ello me pongo desde hoy mismo!

Y feliz no cumpleaños a todos!

Tormenta

Y como ha venido se ha ido. Una tormenta pequeñita, con sus dos truenos y sus cinco minutos de lluvia. Me encerré en casa y preparé la chimenea, por si la tarde-noche se pone tonta y húmeda. Pero lo único que se ha mojado, ligéramente, ha sido la leña que tengo apilada debajo de la ventana. Mañana el sol los secará.

He descubierto que me resulta más cómodo meter la leña por la puerta delantes que por la de la cocina. No tengo que atravesar el comedor y el pasillo para dejar la leña en los cestos del salón. Mancho menos y, lo más urgente, me hago menos daño en mi pobre hombro izquierdo, que debe andar con tendinitis o algo así, de tanto cargarlo con brazadas de leña. Los troncos gruesos los cojo de uno en uno, pero los más finos los apilo en el brazo izquierdo. Y el pobre ha dicho que ya vale. Así que supero el peso a base de más viajes. Así que este año me han descargado la leña frente a la casa en lugar de la parte trasera. ¡Lo que hace la experiencia y las equivocaciones...!

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Han venido unos cuantos vecinos a pasar la vacaciones del pobre a las parcelas. Se nota, se nota... lo de la crísis, digo. Los chiquillos alborotan y las madres se desgañitan a gritos. Pero en cuanto han caido las cuatro gotas de rigor, el silencio se ha instaurado en todos los lugares. Supongo que es la hora de la tele. ¿Qué otra cosa pueden hacer? Aquí tienen parcelas muy grandes y aunque no todas tengan su chalet, no faltan las casitas prefabricadas y los chiringuitos provisionales, las casas de madera y las barbacoas de piedra artificial.  A veces la provisionalidad dura años, pero eso es lo de menos. Lo importante es que sueltan a la prole en un lugar seguro y todos contentos.

Como tras la tormenta llega la calma, me voy a leer otro rato, esta vez al calorcito del fuego y la luz de la lámpara. La tarde se alarga en un atardecer gris.

 

 

Ilusiones

La primera gota de lluvia ha caido sobre mi mano. En ella sostengo el libro que llevo leyendo desde hace más de una hora. La pequeña punzada húmeda me ha hecho levantar los ojos de la página y mirar al cielo. Unas grises nubes han cubierto el azul bajo el que me senté a leer. Los perros dormitan a mi lado. He oído aUrko ladrar desesperado a un caballo que pasaba detrás del muro tapizado de madreselva. Farah no se ha separado de mí desde que he salido al porche. Sus ojos me siguen en cuanto hago el más mínimo movimiento. Menta entró en casa y la imagino subida a su sofa, el sofá de los perros.

Leo a Paul Auster, su novela "El libro de las ilusiones". La verdad es que a veces me salto páginas. Pero quiero terminarlo. Otras novelas suyas me han gustado más. Ésta me está costando un poco. Me tropiezo con pequeñas vanalidades, con imágenes estándar tan utilizadas en otros textos que ya aburren. A veces policiaca, a veces amorosa, a veces semiatormentada. Lugares comunes que van formando un tapiz poco atractivo. No sé por qué sigo leyéndola...

La primavera está entrando poco a poco en el valle. Aquí todo lleva un retraso de casi dos semanas respecto a la zona que nos rodea. Mientras los lilos están floreciendo ya a pocos kilómetros, los míos andan peleándose con el frío, sin brotes que anuncien su futura belleza.

Los tulipanes han muerto lentamente despues de dar unas pequeñas flores. Son tan hermosos y tan efímeros. De los narcisos ni rastro.

El día tiene algo de melancólico. Se me ha ido el tiempo en leer y descansar. Lo necesitaba.

 La imagen es de un lago suizo, del viaje de una de mis hijas al hermoso país del chocolate y los quesos.

Invitadas

Invitadas

Son dos ancianitas venerables. Juntas no pesan tres kilos. Su "papá" está de viaje y me las ha dejado unos días. ¡Por si fuerámos pocos! Pero la amistad es lo que tiene, de vez en cuando hay que demostrarla. Y cuidar a estas pequeñas es todo un reto. Yo estoy acostumbrada a mis grandes y visibles chuchos. A que me empujen y perder el equilibrio. A sujetar su cabezota y derribarlos, no sin esfuerzo, cuando juego con ellos.

Estas miniaturas, caniche y yorksire respectivamente, de trece y doce años, son tan delicadas que casi me da miedo cogerlas. Son puro hueso y pelo. Apenas les quedan dientes y la una está casi sorda y la otra tiene cataratas.

Es como tener una residencia geriátrica perruna. Así me voy haciendo a la idea de lo que les pasará a los míos cuando la edad haga mella en su belleza actual. Y en mí, por supuesto, que ya no quiero la belleza pero sí la vitalidad para seguir atendiéndoles bien. 

Me gustan, por que me gustan todos los perros. Pero creo que no podría tener perros tan pequeños. Aún no. Tal vez cuando ya no pueda físicamente con mis mamelucos... Pero como ellos iran perdiendo impulso a la vez que yo, cuando todos seamos viejecitas y viejecitos adorables ya no me quedará tiempo para disfrutar de un perro pequeño.

Su dueño teme morir antes que ellas. Podría ser. Como que a mí me pase algo y mis perros acaben no sé donde ni son quién.

Esa es una pregunta que prefiero no hacerme. A pesar de que pueda suceder.

De momento el trabajo se me ha multiplicado y lo hago gustosa. Pero desde luego ocho perros en casa, separados por turnos, es demasiado. Cuando se vayan las echaré de menos, pero descansaré.

No tengo fotos suyas aún. Pero antes de que se vayan se las haré.

Mis invitadas se lo merecen. La que pongo ha salido del famoso buscador, ya sabéis...

Invitado

Invitado

Tengo a Patxi conmigo desde hace unos días. Es el perro más dulce que conozco. Mi hija se fue al Paris de la Francia y yo disfruto de Patxi. Sus enormes orejotas caídas, su mirada tierna y esa simplicidad llena de ternura me puede. Es un pachón navarro, perro de caza por excelencia. Pero su carácter es tan bueno que hace honor a lo de "pachón".  Urko anda un poco celoso, pero se llevan muy bien. Y de vez en cuando se corren unas juergas por el sofá. Ahora mismo están jugando  al tira y afloja con un guante de jardinería viejo. Siempre gana Urko. Su técnica es de lo más efectiva: Patxi lo coge y se lo enseña a Urko. Éste lo agarra suavemente y tira aún con más suavidad. Lo curioso es que no se mueve del sitio. Simplemente tira un poco con la cabeza. Y el otro mantiene el tirón, pero no hace nungún movimiento. Se pasan así un ratito, midiéndose con los ojos, sin apenas gruñir y al final, sin fallar nunca, Patxi suelta y Urco se queda con el guante. Y Farah los mira con ojos escépticos, como diciendo "vaya par de tontos"

Hace unos años yo también atravesé Francia hasta llegar a Luxemburgo. Fue un viaje que me permitió decepcionarme por la Mona Lisa y prendarme de la Victoria de Samotracia. Lo que es ver las cosas despues de haberlas idealizado durante años...  Atravesamos un cementerio de muertos en la 2ª Guerra Mundial y me dejó impresionada. Las cruces blancas, todas iguales, "plantadas" al tresbolillo, como un campo de almendros en flor.  ¡Cuantos recuerdos me ha traido el viaje de mi peque!

 

Aries

Aries

Salimos de Piscis (creo) y entramos en Aries. Hace poco les explicaba a mis peques sobre la astrología y la Astronomía. Sobre superstición y ciencia, sobre estupidez e inteligencia.

Siempre he ido un poco más allá de los "contenidos mínimos" y de lo que está escrito en los libros de texto. Hay cosas que no están en los libros oficiales sino en las estrellas.

No creo que los niños sean estúpidos, simplemente no les damos retos para sus pequeñas mentes. Les hablamos como a niños pequeños, demasiado pequeños.  Buscamos que lo entiendan todo, para lo que simplificamos tanto que la enseñanza se convierte en una papilla masticada y digerida, en "informática para tontos"...

Sé que algunas de mis pequeñas charlas informales con ellos ahora no las llegan a entender del todo. Pero la semilla está echada. Y sé que a tres o cuatro de ellos no se les olvidarán. Ese es mi premio como maestra: el futuro de mis chicos.

Aries es una constelación, no una predicción de un signo del zodiaco  en la última página del periódico. Es una división de tres meses, no un predictor de mi buena o mala suerte o una definición de la personalidad de los nacidos en estos meses. (Soy Aries...)

Prestado

Prestado

Estoy sin internet y ando de prestado por la red. A cambio me da tiempo para ver el paso de las grullas por los cielos azules y de escuchar su voz antes de verlas. ¡Qué ruidosas son!

Los tractores preparan los campos y vamos camino de los verdes esplendorosos que duraran unas pocas semanas. Es lo que tiene el tiempo, que pasa sin pedirnos permiso ni detenerse.

Estuve viendo a Rodain en el Paseo del Prado y las vaquitas pintadas. Madrid, así, en pequeñas dosis, me gusta. Mientras que de los pinos no me canso, del atasco que pillé, salí escaldada. Pero volveré...

Y me voy a comer, que a estas horas no doy más de sí. Gracias a los que de vez en cuando os pasáis por aquí, que de todo se entera una. La proxíma semana seguramente recuperaré el modem y me ponga al día.