Balance
Nos acercamos al final del segundo trimestre. Y hago balance y me deprimo despacio, muy despacio y muy amargamente. De los nueve, sólo se libra uno.
No me fustigo inutilmente, no merece la pena poner en duda mi profesionalidad. Sencillamente tengo unos mimbres y con ellos hago los cestos que puedo. Y este año mis cestos hacen agua. He luchado lo que he podido, he utilizado mis recursos, he tejido y destejido varias veces, pero no lo he conseguido. Este año me siento decepcionada. No he podido hacer bien mi trabajo a pesar de haberlo intentado.
No quiero culpar a nadie, no escurro el bulto, pero la verdad es que no me lo han puesto fácil, ni ellos ni sus padres.
En este barco que es la educación, debemos remar todos, niños, padres y profes. Y yo tengo la sensación de haber remado sola.
Apatía, desgana, desinterés, indiferencia. Eso es lo que he sentido como respueta a mis llamadas de atención, a mis recomendaciones, a mis propuestas.
Y me da miedo lo que va a seguir viniendo en los próximos años. Si esto es lo que nos espera ya podemos "atarnos los machos". ¡Qué generaciones nos esperan! ¿De ellos dependerá el progreso del país? ¿Qué será de su propio futuro?
El nuestro ya está hecho, el suyo lo tendrán que hacer ellos.
Y eso que estoy hablando de peques, de muy peques. Pero lo malo es que si no responden ahora no lo harán después. En educación no se puede esperar, hay que empezar pronto, muy pronto, o la base se queda al aire y ya no se puede cimentar nada sobre el edificio del individuo.
Depre ando, es cierto... pero seguiré intentándolo, que le voy a hacer, me enseñaron ha hacer bien mi trabajo y lo haré lo mejor que pueda.